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domingo, agosto 31, 2025

Perú le cedió a Bolivia una playa que lleva 26 años en abandono

Cuando David Herrada fue nombrado en 2017 cónsul de Bolivia en la ciudad peruana de Ilo, pensó que convertir aquel puerto en el principal punto de entrada y salida de productos de su país iba a ser una tarea simple.

Después de todo, los bolivianos ya contaban con un trozo de costa a menos de 20 minutos en automóvil, una franja de cinco kilómetros de largo y menos de un kilómetro de ancho que Perú le cedió al país vecino en 1992 por 99 años: Bolivia Mar.


Los políticos de la época enumeraron las posibilidades del terreno. Se habló de terminales de carga, hoteles, fábricas.


El acuerdo fue firmado por el entonces presidente peruano, Alberto Fujimori, y su par boliviano, Jaime Paz Zamora, cuya imagen dentro del agua con los pantalones remangados aún es usada por simpatizantes y detractores de la idea.

La concesión, se decía, serviría para reducir los lazos comerciales con los puertos chilenos de Iquique y Arica, por donde Bolivia ingresa y despacha la mayor parte de su mercadería, y dejar atrás por fin la paradoja de que su acceso al océano dependa del país que se quedó con sus provincias costeñas tras la Guerra del Pacífico (1879-1884), en la que Bolivia y Perú se enfrentaron a Chile.

Pero, poco después de instalarse en su nueva oficina, Herrada se dio cuenta de que sus expectativas no iban a cumplirse.  Y de por qué, 26 años después, en Bolivia Mar no había más que un desierto.

Dos mujeres

Al sur de la Costanera, la carretera que recorre el litoral peruano, hay un cartel verde con letras blancas que invita a seguir de frente para llegar a la ciudad de Tacna, en la frontera con Chile, o a doblar a la derecha y tomar un camino de tierra para acceder a Bolivia Mar.

Bolivia y el mar aparecen juntos en el letrero, pero llevan 139 años separados.  Cada 23 de marzo, el país celebra el Día del Mar para recordar la pérdida del litoral ante Chile, al que esta semana le reclama en la Corte Internacional de Justicia de La Haya que se siente a negociar una salida soberana al Pacífico.

Autoridades peruanas y bolivianas realizan en esta fecha actos simbólicos frente a lo único que alguna vez llegó a construirse en Bolivia Mar: una escultura de 21 metros, hoy tan oxidada que se le han desprendido varios trozos.

Tiene la forma de dos rostros de mujer, uno que mira hacia Bolivia y el otro, hacia el Pacífico.  Un poco más adelante, el visitante se encuentra con la empinada cuesta que hay que bajar para alcanzar la playa.  En la cima, un pescador se refugia del sol en una choza que ha improvisado con lonas y palos.

Abajo, en la orilla, entre cadáveres de medusas y alguna botella de plástico, Herrada aprovecha los ratos muertos de la entrevista para recoger conchas de colores que le regalará a su familia cuando regrese a Bolivia.

«Lamentablemente, las poblaciones de Ilo como de Bolivia no nos enteramos (bien del proyecto). Todo el mundo piensa que Bolivia Mar es para (construir) un gran puerto. Pero, en realidad, es (sólo para) turismo»,  explica una mañana de mediados de enero.

¿Un gran hito?

Los convenios de Ilo firmados por Paz Zamora y Fujimori en 1992 estipulaban la cesión de Bolivia Mar, pero también otros dos elementos: crear una zona franca industrial en la ciudad peruana y dar facilidades a los bolivianos para que usaran las instalaciones portuarias de esa localidad.  Por eso, los mandatarios anunciaron la medida como un hito importante.

Una «gran victoria nacional, por volver a ser un país marítimo», llegó a decir el líder boliviano, según recogió un artículo del diario español El País.  Pero estos tratados no daban a Bolivia soberanía sobre la franja; sólo le autorizaban a darle un uso: el turístico.

La zona franca nunca se puso en marcha y, según explica el cónsul, sólo un puñado de empresarios de su nación utiliza Ilo porque sus tarifas son más caras que las de los terminales chilenos.

En cuanto al turismo, en aquella explanada no se llegó a poner ni una sombrilla.  La playa está en mar abierto y es incómoda para los bañistas.  Los pescadores peruanos, los únicos que le sacan provecho, aseguran que está llena de rocas afiladas, que espantan a las barcas pero dejan un criadero de peces exclusivo para quienes trabajan desde la orilla.

Instalar un rompeolas, ampliar el área de baño y habilitar un acceso menos accidentado requeriría una inversión de US$250 millones, según el diplomático.

«Yo creo que es un presupuesto ‘no tan poco’… Es posible sacar adelante ese proyecto, pero siempre y cuando haya también más participación y afluencia de bolivianos a Ilo», sostiene.

Fuente: BBC

Fuente Fotográfica: BBC

 

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