Por Alex Castillo
Durante casi ya 30 años, se ha inferiorizado a las Relaciones Públicas en Guatemala como disciplina y se las ha subordinado a otros menesteres profesionales, lo que ha impedido que se desarrollen y, a la vez, que se dimensione la importancia que tienen, principalmente en el mundo digitalizado que vivimos.
Antes era importante la información, ahora lo es una buena relación; antes era prioritario el cabildeo, ahora lo es la construcción y el sostenimiento de la confianza; antes el mundo se conocía a través de los medios masivos, ahora se conoce a través de influenciadores; antes se le temía al paradigma de «qué va a decir la gente», ahora la reputación se cuantifica dentro del capital de una empresa o personaje público.
La inferiorización a la que han sido objeto las Relaciones Públicas ha hecho posible una especie de ambiente de confusión, en donde le creemos más a lo que viene de afuera de Guatemala que a lo que construimos con nuestras propias manos e ideas, y ni siquiera se entra a valorar si valen la pena o no.
Este clima sucede en la aplicación de la disciplina, pero también dentro del mismo gremio de comunicadores, quienes tienen MIEDO de reconocerse como relacionistas públicos y, por lo tanto, demostrar la perspectiva estratégica con la que cuenta hoy la disciplina comunicacional (análisis que surgió durante una conversación con una experta en gestión del talento).
Mientras que las agencias de reclutamiento y gestión del talento valoran como prioridad la contratación de relacionistas públicos para que atiendan integralmente las necesidades institucionales que se generen dentro de la dinámica de posicionamiento de cualquier entidad pública o privada, los propios comunicadores son los que se presentan a los procesos NO CONVENCIDOS de los beneficios que su papel como relacionista puede dar a nivel institucional.
Esto ha generado un confusión tal dentro de los reclutadores que les ha provocado no una desconfianza en la disciplina, sino una desconfianza del tipo de comunicadores que las universidades guatemaltecas están formando, pues cómo va a ser aceptable que dentro del sector de Recursos Humanos se tenga la noción clara de lo que las empresas necesitan, pero no la tengan los propios comunicadores que creen que van a ir a hacer «comunicación», cuando el puesto convocado era para relacionista público, cuya lógica profesional que amerita el puesto es otra.
Es por este MIEDO del comunicador que los reclutadores prefieren contratar a expertos en una determinada materia como sociólogos, antropólogos, médicos y hasta ingenieros industriales para que desempeñen con más pertinencia estas labores de relacionamiento, antes de contratar a un comunicador que a duras penas domina las ideas generales y, por lo tanto, podría comunicar tibiamente la propuesta de una entidad determinada.
Por eso es que desde REDIRP Guatemala, hacemos un llamado a escuelas, facultades, unidades académicas y profesionales de la comunicación para que se tomen el tiempo para reaprender el ejercicio de las Relaciones Públicas y que dimensionen que hoy más que se nunca se necesita de una aplicación efectiva de esta disciplina estratégica.
Este reaprendizaje permitirá apuntarle como comunicador/relacionista a una construcción estratégica de los vínculos internos y externos que debe tener la empresa y, por lo tanto, contribuir decididamente a la necesidad institucional de reflejar una imagen positiva sólida y convincente, en el marco de las noticias falsas, las crisis y la falta de certeza sobre lo que logramos conocer del mundo que nos rodea.