Julio Abdel Aziz Valdez
Corrían los últimos años del siglo XIX, cuando el dictador, nombrado por el Nobel de literatura como el Señor Presidente, recibía en su despacho a los personeros del gobierno de Garret Hobart (24 presidente de EEUU) quien por cierto acababa de acabar con los españoles en Cuba y con gran fuerza se erigía como el presidente que llevaría a cabo la Doctrina Monroe de América para los americanos, pues bien dichos personeros planteaban la necesidad de la modernización y apertura de la economía y para ello exigían la apertura a los contratos con empresas norteamericanas ferrocarrileras y otras inversiones que en efecto contribuirían a fortalecer la economía nacional pero iniciarían el largo proceso de imposición de la voluntad del imperialismo norteamericano a lo largo del siglo XX y ahora en el XXI
Las comisiones se convirtieron en una forma permanente de encuadrar a los gobiernos de la esfera política norteamericana, a sus intereses geopolíticos, ejemplo las presiones dadas al gobierno de Jorge Ubico para declarar la Guerra a Alemania en 1941 con todo y que era uno de nuestros principales socios comerciales, expulsar ciudadanos de aquel país y la terrible expropiación. Con la misma vehemencia se dan las presiones en el gobierno de Arbenz para que expulse a los comunistas de su gobierno, pero finalmente aquellas presiones no rindieron frutos y se pasó a la intervención militar indirecta, tan propia de la Guerra Fría.
En fin, sobre este tema hay estudios completos, realizados en su mayoría por aquellos que ahora aplauden la renovada política intervencionista de Estados Unidos en la región, los que antes no dudaban de calificar como lo era y es, de imperialistas, pero al parecer la condición de imperialistas se ha ido blanqueando en la medida que esos mismos han cambiado el orden de sus prioridades para el siglo XXI. Los antifascistas y luego los anticomunistas han dado paso a quienes se asumen como los galantes luchadores contra la corrupción, un discurso renovado con las mismas intenciones.
El tema de la soberanía, laxo, por cierto, en las relaciones con Estados Unidos ha estado al vaivén de los tiempos, lo mismo pasó entre las décadas de los sesenta hasta los ochenta con la lucha contra el comunismo, toda la primera década del nuevo milenio con la lucha contra el terrorismo y ahora en su último desplante en su lucha contra la migración irregular lo que ha servido para renovar la vieja doctrina del Big Stick que popularizó Teddy Rooselvet a inicios del siglo XX. ¿Qué esperar de los norteamericanos con su idea manipulada de la buena vecindad? Pues nada diferente a lo mostrado a lo largo de más de cien años.
La sociedad civil a la que constantemente hacen alusión como si fueran la voz de la virtud y solvencia moral, en realidad son agentes de contrapeso frente al Estado, al apoyarlos financiera y políticamente tiran por la borda todo el sistema de partidos políticos financiados tanto por el Estado, empresarios como por la misma ciudadanía. La contradicción mas grande de la manipulación radica en que las instituciones creadas o fortalecidas por los norteamericanos que hicieron frente al fascismo, comunismo, al narco y terminando con los terroristas ahora por enésima vez no les sirve y necesitan de sus operadores de confianza que una vez quemados los compensan con una green card express y vacaciones todo pagado en Disneyland.
El apoyo a las agendas feministas y a los extremistas etnicistas responde claramente a los objetivos de hacer inviable cualquier idea de Estado democrático y republicano, al mismo tiempo que rechazan al migrante irregular apoyan con dinero a su sociedad civil como si en ella se encontrase la solución al flujo migratorio, todo lo contrario, alimentan la ingobernabilidad que luego estas delegaciones interpretan en forma superficial como pobreza y marginalidad y luego afirman que estas son las únicas razones para explicar la migración, vaya paradoja, en la que los delegados caen cuando al oído solo reciben los monólogos del victimismo eterno de sus nativos de confianza.