La quema de la embajada de España es un mal recuerdo histórico que a la fecha no se ha esclarecido, si bien las víctimas de ambas partes mantienen sus respectivas versiones.
Roxana Orantes Córdova
Al conmemorarse 42 años de la fallida toma, asalto y quema de la embajada de España, donde fallecieron 37 personas, actores que participaron en la fallida acción de propaganda revolucionaria conmemoran el hecho, mientras las «otras víctimas» no se expresaron al respecto, como hicieron en años anteriores.
Por ejemplo, durante la mañana se realizó un foro llamado 42 años por la Justicia. Rememoración de la masacre en la quema de la embajada de España en 1980.
Los tres panelistas fueron miembros de lo que el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), promotor del asalto a la embajada, conocían como «organizaciones de base». En el foro mencionado participaron:
Emeterio Toj Medrano, fundador del Comité de Unidad Campesina (CUC), organización campesina del EGP durante el conflicto armado. Toj Medrano tuvo alguna notoriedad en los ochenta, cuando fue capturado como guerrillero y logró engañar al Ejército fingiéndose delator, para posteriormente escabullirse.
Víctor Ferrigno, ex líder estudiantil del Frente Estudiantil Robin García (FERG), organización estudiantil del EGP.
Rosalina Tuyuc, ex diputada de la URNG (por el EGP).
Un artículo de Ferrigno reseña:
«No ocupé cargos formales, pues me eligieron como secretario general de las agrupaciones Participación Organizada de Estudiantes Revolucionarios (PODER) y, posteriormente, del Frente Estudiantil Revolucionario Robin García (FERG)».
Quema de la embajada: actores de una tragedia que ensució a Guatemala
Además de sobrevivientes de las dos «organizaciones de masas del EGP», la embajada española conmemoró el hecho, como hace cada año. Entre otros, rememoran a los siete diplomáticos y trabajadores de ambos países que resultaron atrapados en tan lamentable hecho.
El caso se juzgó y se responsabilizó a Pedro García Arredondo, ex jefe policial. Sin embargo, quedaron muchos hilos sueltos que, en 42 años, nadie intentó esclarecer, exceptuando a los hijos del ex canciller Adolfo Molina Orantes, invitado con insistencia por el ex embajador Máximo Cajal y López, quien también citó al ex vicepresidente Eduardo Cáceres Lehnoff.
¿Toma pacífica o secuestro masivo?
Cajal y López sabía que la embajada sería tomada por los miembros de las organizaciones de masas del EGP, como se estableció en la sentencia de 2014. Sin embargo, insistió para que los ex funcionarios mencionados acudieran a su cita.
Esto ubicaría al diplomático como cómplice de los insurgentes. Por otra parte, quienes asaltaron la embajada, señala Julio Valdés en una columna publicada en Perspectiva hace un año:
La tercera posibilidad y para la cual estaban mentalizados los secuestradores en el momento que deciden llevar consigo bombas molotov y machetes, era la de morir en el intento y en medio de la refriega, matar a algunos. Esto elevaba más aun el perfil de los secuestradores y los martirizaba.
Las «otras víctimas»
En una publicación de 2015, Mireya Molina de Castillo, hija de Molina Orantes, menciona que tiene presente «a los teólogos de la liberación y guerrilleros, quienes el 31 de enero crearon una antorcha humana para culminar sus planes».
Molina también recuerda que ninguna de estas personas acudió ante la justicia guatemalteca ni a la corte internacional por esta y otras acciones en las que tienen una seria responsabilidad.
Han pasado más de cuatro décadas, y como fue patente hoy en Guatemala, el hecho sigue sin un completo esclarecimiento y se mantiene como fuente de polémica.
La quema de la embajada española permanece en la memoria de las víctimas y mientras cada año se diluye en el tiempo, las interrogantes permanecen vigentes, así como las dos posiciones irreconciliables en torno a ese hecho lamentable.




































