Nicolás Díaz Jimeno
Lo primero que hay que decir es que esta modalidad no es nueva, en muchos países del mundo ya existía esta forma de trabajar, la cual consiste en que el empleado pueda cumplir con sus obligaciones de manera remota al menos un día a la semana.
Sin embargo, la pandemia ocasionada por la llegada del Covid-19 ya no dio la oportunidad de que fuera opcional, o una vez a la semana, sino que todos y de manera repentina e inesperada, tuvimos que adaptarnos a esta forma de trabajo, que por muchos beneficios que tenga, no le agrada a todos.
Esta forma de trabajar tiene sus ventajas, sobre todo en países con culturas empresariales desarrolladas, donde la gestión del trabajador tiene altos niveles de compromiso y responsabilidad, donde el jefe “capataz” no existe, porque no es necesario, sin embargo en otras latitudes, esta forma de trabajo ha sido todo un reto.
Pasar más tiempo con la familia, descansar más, pasar menos tiempo en el tráfico, hacer ejercicio, dormir más temprano, ahorro en combustible, y en comida en la calle, son entre muchas otras, las ventajas que el teletrabajo ha traído.
Pero los beneficios no son solo para el empleado, el patrón también ha visto las ventajas del teletrabajo, menos costos de funcionamiento, reducción de horas hombre perdidas (el cafecito, las idas a fumar), entre muchas otras, ya no existen, o al menos el jefe no las ve, así mismo sus gastos de operación se han visto disminuidos, menos consumo de agua, luz, etc.
Esto se ve muy bien, y para cualquier persona pareciera el mundo ideal, pero… ¿Es en realidad así? No necesariamente. Al parecer muchos trabajadores no han sido capaces de adaptarse a esta nueva realidad, que no sabemos si vino para quedarse, aunque parezca increíble, el pasar mucho tiempo en la casa, con la familia, ha traído en muchos casos, más estrés que tranquilidad.
El no saber gestionar horarios de trabajo y tiempo con la familia, es quizás la más repetitiva situación, esto se ve reflejado en el hecho que la pareja al ver al cónyuge todo el día en la casa, cree que puede ser útil para ciertas tareas domésticas que antes eran desconocidas para él, así mismo, todos hemos sido testigo de los muy cómicos videos de personas que salen en sus reuniones de Zoom o teams en pijamas, los niños que entran mientras uno de los padres está en una videoconferencia, la pareja que aparece en toalla luego de salir de la ducha, y ni hablar de los que están con la cámara prendida y no se dan cuenta de que todos sus compañeros les están viendo en ropa interior, la lista es interminable.
Pero estas situaciones que parecen hasta cómicas, no lo son, se sabe de muchos casos de desintegraciones familiares, es el caso de aquel que salía a trabajar, no solo para cumplir con sus obligaciones, sino como una válvula de escape de una mala relación de pareja, y al verse 24/7 con ella o él, las situaciones que ya existían se exacerban y no son agradables para nadie, de igual manera el caso del gerente que en su agenda mensual tenía viajes de “negocios”, que no eran estrictamente necesarios para su trabajo, pero si para su paz mental, para evadir una casa, una familia, por muy duro que suene, es una realidad.
La búsqueda del balance, del equilibrio es una de las grandes metas de las personas, lograr ese anhelado estado de paz en el día a día, poder hacer pausas saludables debe ser un objetivo, la pandemia nos debe llevar a reflexionar sobre muchos aspectos de nuestra vida, entre ellas, la forma que teníamos de trabajar, la cantidad de tiempo perdido en asuntos de poca monta o sin importancia, el aprender a valorar lo que tenemos, y sobre todo aceptar que es muy posible que el teletrabajo sea la nueva realidad y que vino para quedarse.




































