Por: César Melgar
Después de un azaroso año 2017, y observando los sucesos en el país, así como en la región, hace caer en cuenta que es necesario realizar una serie de reformas, para reencausar el camino para lograr aquellos avances que sean significativos y relevantes en nuestras sociedades.
En 2017 (año que aspiraba ser de reformas en Guatemala), se han cumplido 500 años de la Reforma Protestante. Además de señalar la efeméride, se harán un breve análisis de este suceso, el cual trajo una serie de cambios en la mentalidad secular (además, por supuesto, espiritual) de la Europa de a finales de la Edad Media.
Con el Renacimiento como amanecer de la Modernidad, poniendo al hombre como el centro del universo, y abriendo paso al análisis científico y dejando el oscurantismo y los mitos, la Reforma Protestante se abre paso como consecuencia a los abusos de las autoridades eclesiásticas de aquel entonces.
Con la Reforma Protestante (aunque algunos autores, como Pérez de Antón, le llaman “revolución”) trajo consigo la dignificación del trabajo, contrarrestando aquel paradigma de que era consecuencia del “pecado original” y por ende, que era un castigo divino. Según Louis Rouigier, en su obra “El Genio de Occidente” (1971), “el impacto de la Reforma fue reorientar la mente de los hombres desde una preocupación por la mera salvación personal e individual hacia intereses más amplios. Es mejor glorificar a Dios mediante actos que promovieran el bien general y mejoraran la condición humana”.
En ese contexto, y siguiendo el análisis de Rouigier, a medida que la ética protestante sustituía la ética católica medieval, surgía una mentalidad capitalista: “esta alentaba a los pobres a aceptar la disciplina del trabajo, y a los ricos a acumular capital por medio de una vida frugal y la reinversión de ganancias”. Se reconoció la importancia del dinero y el crédito como medios facilitadores en los intercambios comerciales, y la legitimidad del interés como recompensa por los préstamos realizados, (siempre y cuando dicho retorno fuera razonable).
Así es como Max Weber, en su obra “La Ética Protestante y El Espíritu del Capitalismo”, describe “que el protestantismo en general y la ética del ascetismo mundano en particular constituyen una de las fuerzas impulsoras del capitalismo (Martos, 2009). Este ascetismo mundano se refiere, según Gil Villegas (2003), a un ascetismo “plenamente activo en el contexto práctico del trabajo cotidiano que lleva a un dominio racional del mundo”. Esto incide en la configuración de una ética que concibe al trabajo como el desarrollo ineludible de una vocación para alcanzar así la salvación eterna…” (Citado en Perez Franco, 2004).
Como se puede apreciar, la Reforma Protestante trajo consigo (además de las guerras de religión que se propagaron por toda Europa), una serie de cambios en el paradigma social, económico, político y religioso, que permitió cambios importantes para la civilización occidental.
Así tenemos que, según la RAE, en su segunda definición de la palabra reforma, es “aquello que se propone, proyecta o ejecuta como innovación o mejora en algo. Y si algo desprendemos de este análisis, lo que se necesita para lograr esas reformas que se requieren para alcanzar un estadio de desarrollo real en nuestros países, es un cambio de paradigma. La Reforma Protestante al surgir, cambio los paradigmas de la sociedad de aquel tiempo. Ahora, deberá ser a la inversa. Se deben cambiar aquellos paradigmas que funcionan como caldo de cultivo para malas prácticas del convivir político y ciudadano: corrupción, compadrazgos, cacicazgos, servilismo, pasividad de la ciudadanía, etc. Se debe cambiar la visión que se tiene de la política y en la política, para emprender verdaderas reformas, y que estas funcionen. Este cambio se logrará cuando la ciudadanía despierte, fiscalice y pida rendición de cuentas a los encargados de la cosa pública.
Deseándoles éxitos y bendiciones en este 2018, a manera de reflexión final: nadie queda exento de la necesidad de una reforma o un cambio en sus hábitos: Usted, como persona individual, planifica una serie de metas y desafíos para el nuevo año. Esta serie de pasos, si son exitosas, conformaran una reforma en su modus vivendi. ¡Felicidades!




































