Por: Diana Herrera
Las sociedades modernas abren paso a la evolución de la cultura y respeto de los Derechos Humanos.
¿Será permisividad? O ¿mejor dicho tolerancia o progresismo? ¿Habrá connotaciones negativas en esos términos? En fin, lo importante es la apertura incluyente que la misma sociedad permite al “autoregularse” ciertos comportamientos, como por ejemplo consumir públicamente marihuana, y/o la aceptación del matrimonio igualitario. La verdad, sin ir muy lejos, es muy normal en Berlín que usted pueda ir a un parque y que detrás de usted alguien o algunos consuman un cigarro marihuana, y por favor cuando esto suceda no entre pánico.
Los policías están para proteger y cuidar ciudadanos, y partiendo del concepto de la “permisividad”, que es una muestra de tolerancia a la transgresión de normas, al menos aparece como alguien que está abierto al intercambio de opiniones, razones o ideas, antes de tomar una decisión contundente. Recordemos en el consumo de marihuana es legal en Alemania y por supuesto, está fuertemente regulado. Entonces regresando a la función de la policía, ellos están para proteger al ciudadano y no para gastar su tiempo en dar lecciones de moralidad de la vida de lo que es correcto o no para la salud de la persona.
Usted no observara escándalos en la vía pública o tirados en el suelo consumiendo como locos la marihuana porque sea legal, la misma sociedad se “autoregula” y sí hay excesos pues, para eso está la policía. Difícilmente a mediano plazo en nuestras latitudes se podrá realizar con aceptación la legalización de la marihuana, porqué aún la sociedad en su conjunto no se “autoregula” y es más, parece que somos modernos pero con pensamiento de la era de piedra.
A qué me refiero, en el ínterin de mi viaje, Alemania aprobaba el matrimonio igualitario, al igual que lo hizo Francia y otros países. A pesar que la canciller voto en contra, a modo de salvaguardar la postura de la facción conservadora del partido, esto no detuvo lo que ya la sociedad per se aceptaba, y de lo que expresa los miembros de su partido. Mientras eso pasaba, la colérica reacción de algunos grupos radicales en Guatemala demandaban que se quitara la bandera de la diversidad sexual, según sus argumentos no era legal, y no había argumentos sólidos para esa acción. Lamentablemente, se nos olvida que Guatemala es un país laico, y aún que la ley no reconozca el matrimonio igualitario, nada impide a estos grupos
y a las autoridades reconocer sus espacios de reivindicaciones de derechos sobre todo cuando están fundamentadas en derechos del individuo, y por qué no el valor que se nos olvida el AMOR. Lamentablemente, el estado actual de nuestra sociedad, es señalarnos los unos a los otros, a ver quién se quita los ojos primero, llegando inclusive a niveles aceptados del discurso de la violencia, situación que realmente preocupa. El diagnóstico talves no es nada alentador, pero espero que cuando aprendamos en “autoregularnos” quede fuera la violencia y la atomización sectorial.




































