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lunes, enero 26, 2026

El opio llamado fútbol

Por: Marco Vinicio Mejía

Junio es el mes del fútbol. Miles de millones están atentos a los partidos por televisión. El balompié es más que un deporte. Refleja nuestra época, en la cual lo más importante es estar a la moda y consumir sin freno. El fútbol seduce por sus reglas sencillas y por la combinación del talento individual con el esfuerzo colectivo. En el campo de juego siempre hay más perdedores que ganadores. En el campo de juego no todo es heroísmo. Quienes más se esfuerzan, al igual que en la vida, no siempre ven recompensados sus afanes.


El fútbol también es una representación de la guerra, o sea, de la lucha por la vida. Los locutores emplean palabras como «atacar», «defender», «disparar», «contraatacar», «resistir», «fusilar al portero», «vencer», «derrotar». Hay quienes lo consideran una «plaga emocional». Otros lo caracterizan como el deporte-espectáculo más fascinante, aunque parezcan ignorar que detrás está la pasión por el dinero.


La Federación Internacional de Fútbol (FIFA) cuenta con un presupuesto de inversión de $1,948 millones de dólares para la Copa del Mundo en Rusia. De esa cantidad, el 32% lo destinan a la organización local, el 21% de los premios en metálico, el 12% en la producción televisiva, 11% en un programa de ayuda a los clubes y un 24% integrado por factores como arbitraje, viaje de equipos, alojamiento y gestión de entradas.

Las empresas multinacionales nos inundan con zapatos, camisetas y balones, fabricados en las zonas más empobrecidas del mundo, por obreros sobreexplotados. Estas mercancías son vendidas a precio de oro en los países ricos. Una camiseta deportiva, que en España cuesta unos 75 euros, equivale a tres meses de sueldo de un niño-trabajador de la India. Lo triste es que parecemos ignorar que el fútbol esconde las explotaciones de la llamada globalización y se alimenta de sus grandes desigualdades.

Karl Marx calificó a la religión como el «opio del pueblo», al convertirla en una especie de droga para evadirse de la realidad y que la gente no piense en la explotación que sufre. En realidad, el fútbol cumple esa función. No permitamos que nos haga esclavos del consumismo, manteniéndonos indiferentes frente a la injusticia y el dolor de nuestros semejantes. Despertemos y no dependamos de esta droga cultural.

El balompié es un juego. Disfrutemos de este bello entretenimiento, pues solo es un esparcimiento.

 

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