Por: José Roberto Dardón López
En las entregas anteriores escribí sobre cómo se desdibujan constantemente los límites entre la censura y la libertad de pensamiento. Cabe recordar que esto depende de la percepción, tanto de quien emite su opinión como de quien la recibe, respecto a un mismo tópico.
De allí mi iniciativa por ejemplificar casos del pasado reciente, esperando que la misma pueda contribuir a que los más jóvenes conozcan las complejas realidades que no vivieron, de tal forma que sepan, como futuros ciudadanos libres y responsables, sobre qué tipo de suelo están parados.
El establecimiento de la democracia plena en 1984 destapó una olla de grillos en la política nacional. Diversos grupos de exiliados, entre afines y simpatizantes de la subversión armada, pudieron llevar libremente sus consignas al ámbito mediático y electoral.
Esta brusca apertura alteró ambiente por la intensidad y emotividad entre todos los actores involucrados, fueran de derecha o izquierda por igual. En ese contexto, la DCG (1955-2008) perdió el poder en 1990 frente al Movimiento de Acción Solidaria (MAS, 1986-1993). Su caudillo era el ingeniero Jorge Antonio Serrano Elías (1945).
El MAS fue híbrido que combinaba retórica socialdemócrata, fundamentalismo puritano, aderezando con algo de “neoliberalismo”, tan de moda en aquellos años. Tal menjurje político iba dirigido la pequeña pero creciente población no-católica guatemalteca.
Para guiar al público lector, me valgo de la reciente publicación “Guatemala: La historia que vivimos (1944-2015) del escritor y académico Carlos Sabino (1944), varios artículos de desaparecido periodista y diplomático Jorge Palmieri (1928-2017). Igualmente se hace acopio del recordado semanario “Crónica” (1987-1998) y el veterano matutino “Prensa Libre”.
Hay quienes dicen que, debido a la prohibición constitucional, dedicada al entonces popular Gral. Efraín Ríos Montt (1926), el serranismo recibió inesperadamente el endoso de su capital electoral. En todo caso, este golpe de suerte le representó a Serrano el triunfo presidencial sobre su rival, la antigua Unión del Centro Nacional (1983-1995) del periodista y empresario mediático Jorge Carpio Nicolle (1932-1993).
Sin embargo, la debilidad política del MAS era tan endeble, tanto en el Congreso de la República como en las municipalidades, que pronto demostró ser incapaz para crear equilibrios de poder frente a otros poderes del Estado.
En otras palabras, la “inacción […] producto de la falta de adecuados equipos humanos de gobierno” (Sabino, 2017, pág. 51) puso al oficialismo en la cuerda flora desde el principio. Por la praxis del MAS con la cuestión del transfuguismo, me atrevo a señalar que algo parecido le sucede al FCN-Nación, una generación más tarde.
Parecido a Cerezo Arévalo, Serrano Elías fue retratado como un personaje egocéntrico, impulsivo e imprudente, según paráfrasis de Álvaro Arzú (1946) (Sabino, 2017, pág. 52). La diferencia notable es que el segundo no contó con una aplanadora parlamentaria, que al final le representó un derrotero infranqueable para lograr sus fines, a mediano y largo plazo.
No obstante, debe reconocerse que el MAS tomó las riendas de un aparato gubernativo puesto “patas arriba”. Con todo, el comportamiento de “la rosca” presidencial ―entre consanguíneos y favoritos―, tampoco contribuyó al reencause institucional. Fueron tantos los problemas de aquellos días que haré síntesis de lo más emblemático en los últimos meses de su mando.
A raíz de las medidas de reajuste institucional exigidas por el FMI, estallaron violentas protestas estudiantiles y civiles, contra el aumento de la tarifa energética y la cedula estudiantil, que luego se sumaron al intento de sindicalización por parte de la Policía Nacional (Morales, 1993, pág. 24).
Tras la filtración de un importante documento secreto en el Siglo Veintiuno, el proceso de paz se ve amenazado con la ruptura definitiva (Blanck, 1993, pág. 30). Aunque existía de antes, la censura y acoso aumentaron contra medios de comunicación escrita como Tinamit, Prensa Libre y el reseñado Siglo XXI (Redacción, 1993, págs. 22, 25).
Como justificación, Serrano se quejaba de que el Congreso de la República ―intervenido constantemente por Corte Suprema de Justicia― extorsionaba al presidente. En ese sentido, cabe recordar también se acusó al mismo Serrano de sobornar, desde diputados hasta alcaldes, por medio de favores políticos (Sabino, 2017, pág. 54); (Palmieri, 2012) y (Morales Monzón, 1993, pág. 27).
A estos hechos, agreguemos la sospecha de despilfarro y latrocinio dentro de la Casa Presidencial, así como la aparente inoperancia e indolencia de un gabinete ejecutivo. Con esto, hubo muchas voces que clamaban al cielo ante la inminente ingobernabilidad en que Guatemala se estaba sumiendo. ¿Será que era un panorama desconocido a nuestra realidad contemporánea?
He de suponer que en su desesperación y frustración el presidente Serrano Elías cometió un error político que ―a juicio de este servidor― trajo terribles consecuencias a mediano y largo plazo. Al intentar imitar el autogolpe dado por el presidente Alberto Fujimori (1938) en el lejano Perú, Serrano Elías trató de hacerse del poder absoluto el día 25 de mayo de 1993.
Pero ¿y qué sucedió luego?
En la próxima entrega ofrézcoles detalles sobre este hecho del ayer inmediato, dándole continuidad a la temática central iniciada con estas entradas. ¿Es legítima la coacción de quien siente amenazado su “derecho a ejercer el poder” sobre el derecho general al libre acceso a la información?




































