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viernes, enero 23, 2026

Capturas de ex fiscal y ex mandataria de CICIG, ¿una lucha entre buenos y malos?

Julio Abdel Aziz Valdez

De todas las coberturas mediáticas que se dieron a las capturas de las abogadas Leily Santizo y Eva Sosa, resaltan por su importancia La Voz de la Américas, France24 o vaya CNN español, lo que pone de manifiesto el músculo de gestión que poseen quienes a nivel local no pueden reunir en una manifestación a más de una docena de simpatizantes, pero si pueden influir en periodistas y editorialistas para que reproducen la narrativa que emerge en los comunicados de prensa.

A ver, una aclaración a tiempo es necesaria acá, la corrupción inherente al ejercicio del poder que emana del Estado, razón por la cual partidos políticos, intelectuales, empresarios y personas del común les interesa inmiscuirse, no puede verse desde la óptica simple del bueno contra el malo y no es mi intención defender a quienes se les pueda demostrar tales prácticas, sin embargo, al igual que otros tantos temas como son el conflicto armado interno, la desnutrición infantil, pobreza o migración se han impuesto a fuerza de notas periodísticas narrativas que forman parte de agendas igualmente políticas, dicho esto veamos.

Un viejo refrán se puede aplicar cuando vemos las defensas oficiosas de las hoy detenidas, “dime con quien andas y te diré quién eres” o mejor dicho “dime quien te defiende y te diré a quienes representas”, la llamada lucha contra la corrupción se ha impuesto como una marca registrada, las ongs políticas con sus figuras de siempre asumen, desde auto encumbrada superioridad moral, que luchan contra un dragón de siete cabezas: el “pacto de corruptos”, juega un papel propagandístico, cumple con los requisitos de no individualiza y cualquiera puede formar parte de el en tanto no se ajuste a la moralidad de los que se definen como los buenos, los “verdaderos luchadores contra la corrupción”.

No puedo adelantar juicios contra las profesionales detenidas, esto le corresponde al sistema de justicia del que ellas, contradictoriamente formaron parte, de lo que sí puedo opinar es sobre la forma en como han cerrado filas activistas, periodistas y políticos, todos de izquierda, en torno a la defensa o mejor dicho la imposición de la imagen de inocencia “de origen” de las señaladas solo por el simple hecho de haber sido parte de un esfuerzo fallido de romper con la impunidad en Guatemala. Entonces el “ponerse del lado correcto de la historia” es la apuesta por la narrativa impuesta y repetida de que “nosotros somos los buenos y todos, absolutamente todos, los que no están con nosotros son los malos”.

Hilemos más delgado, todo este lobby que finalmente lidero las discusiones, gestiones y presiones para que la CICIG se impusiera responde a la lógica de alcanzar el poder por otros medios. El “liderar” la lucha contra la corrupción les proporciona una nueva capa de pintura a quienes viven de la dádiva generosa del financiamiento externo, tanto es así que se aprestan a mover cuanto contacto e influencia en medios de comunicación internacionales, contradictoriamente ha habido ocasiones donde hay más menciones y notas que manifestantes en las calles así se construyen relatos artificiales de descontento o como manifiestan algunos diplomáticos sin un ápice de vergüenza que estamos frente a “un estallido social” con todo y que ven que en las calles a los mismos manifestantes profesionales.

Las ongs políticas en Guatemala son un lobby con esteroides son considerados: la voz de la honorabilidad, pero no, los medios de comunicación internacionales al igual que las misiones diplomáticas compran narrativas de aquellos que consideran “voces autorizadas” todas las demás tenderían a ser incomodas o vaya poco atractivas a la línea editorial, claro que entre las voces desautorizadas o vaya, “sin solvencia moral” para ser más precisos, están aliados a los malos de siempre, el pacto de corruptos que al parecer fue una genialidad de relaciones públicas para esos cuerpos de poder alternos que luchan encarnizadamente por hacerse del poder desde la inestabilidad.

 En conclusión, si las hoy aprendidas hicieron un buen trabajo en sus respectivas instituciones léase CICIG y la Fiscalía especial contra la impunidad del Ministerio Público que era fortalecer el sistema de justicia, pues, nada tienen que temer más allá de la incomodidad que por cierto cientos padecen en cárceles preventivas, pero si fueron parte de la destrucción de la institucionalidad que promueven las ongs y activistas que hoy las defienden pues habrá una especie de justicia retributiva con ellas.

 

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