En evidente contradicción con lo establecido en el acuerdo que dio lugar a la creación de la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH), el juez Miguel Ángel Gálvez usó el informe de la CEH como fundamento para asegurar que durante el gobierno de Fernando Romeo Lucas se cometió genocidio contra los ixiles. Tomás Guzaro, quien rescató a 227 ixiles de una “aldea liberada” por la guerrilla, aporta su punto de vista para Perspectiva.
Roxana Orantes Córdova
Con un corte de pelo moderno y renovador, el juez B de Mayor Riesgo, Miguel Ángel Gálvez, ligó a proceso penal y mandó a prisión preventiva a los militares retirados Benedicto Lucas (85) y Manuel Antonio Callejas y Callejas (77), quienes hace 3 años cumplen condena a 58 años por el caso Molina Theissen, y a César Octavio Noguera, quien recibió medida sustitutiva.
Para su exposición, Gálvez se apoyó en una presentación de Power Point que muestra datos extraídos de textos como el informe de la CEH ya mencionado y textos autobiográficos de los militares Benedicto Lucas, Héctor Alejandro Gramajo, así como el Manual de Guerra Contrasubversiva.
Gálvez realizó una reseña histórica desde la Revolución del 44 al momento de los hechos y abundó en explicaciones sobre por qué el Estado habría considerado a la población ixil beligerante y peligrosa, lo que daría justificación a los planes de exterminio contra esa etnia.
Sin embargo, no se citó ningún nombre y ni siquiera se determinó la cantidad de las supuestas víctimas, argumentó la defensa, aunque este argumento fue rechazado inmediatamente. Entre los fundamentos expuestos por el juez que citan los medios de comunicación está un párrafo de la autobiografía del general Héctor Alejandro Gramajo:
“El orden político post 1954 era el producto de la interpretación local de la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN), que identificaba al comunismo como su primera y más poderosa amenaza y que definió a los comunistas como enemigos de estado y no solo como oposición al partido de gobierno”.
Este párrafo no pareciera tener relación con el llamado “genocidio ixil”, aunque según Tomás Guzaro, un ixil que fue testigo y protagonista de la historia de su población en los años ochenta, hubo población ixil captada e incluso obligada a participar con la guerrilla en una aventura cuyo origen era la ideología comunista que menciona Gramajo y citó Gálvez.
Y esto no tiene absolutamente ninguna relación con el odio racial, religioso o cultural que puede motivar un genocidio, asegura Guzaro. Según la fiscalía, “en esa batalla el Ejército no hizo distinción entre combatientes y población civil desarmada”.
El lunes, Gálvez pidió que la investigación abarque a otros ex funcionarios y fijó el 9 de marzo como fecha para continuar el juicio. El miércoles 27, inició el proceso contra el general Luis Enrique Mendoza, acusado por aprobar el plan operativo del Ejército. Mendoza es suegro del diputado Estuardo Galdámez.
Dos Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s), son los querellantes adhesivos, en colaboración con el Ministerio Público: la Asociación Justicia y Reconciliación, constituida por víctimas del conflicto armado y el Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos (CALDH).
Los querellantes cuestionaron que fuera el juez Rodolfo Bremer y no Silvia de León, Titular del Juzgado de Mayor Riesgo C, quien se encargara de la citación, aunque el recurso que presentaron para protestar que no habían sido notificados del cambio de juez, calificado como “maniobra sospechosa” por los querellantes, fue rechazado.
“La mayoría de los soldados eran indígenas. Y los guerrilleros también”
Tomás Guzaro es un pastor evangélico ixil que tuvo un papel preponderante en el conflicto armado. Organizó la mayor deserción de la guerrilla, sacando a 227 personas de una “aldea liberada” y llevándolas hacia Nebaj. Este hecho inspiró la película Nebaj, dirigida por Kenneth Müller.
“Alrededor de 1977 las guerrillas comenzaron a organizar a la gente de mi aldea Salquil Grande, en Nebaj. De niño, entre 12 y 14 años, fui más de una vez a trabajar a las fincas de la Costa Sur con mi padre. Los militares ahí estaban, metidos en sus cuarteles. Nunca nos molestaron. Pero los guerrilleros llegaron con ofrecimientos de repartirles las fincas de la costa a quienes se unieran a ellos”, narra Guzaro.
Según recuerda, la promesa era “ocupar las fincas, quitarle a los ricos y dársela a los pobres”. Algunos “se encantaron” y se sumaron a las filas guerrileras. Otros se quedaron en la aldea y colaboraban dándoles comida a los guerrilleros.
“Cuando la gente les preguntaba ¿qué hacemos si vienen los militares?, ellos aconsejaban echarles en la cara cal, agua caliente, chile. También decían que se les rodaran piedras encima y que hicieran trampas para que cayeran ahí. Los militares son de los ricos y si alguien no colabora, es un reaccionario y lo vamos a ajusticiar”.
En aquella época, Tomás Guzaro era un joven pastor evangélico. “Si se les preguntaba ¿No dice Dios que es pecado matar o robar? Ellos respondían: no es pecado botar y quemar un árbol que no da fruto. Los que no colaboran son como árboles que no dan fruto, gente mala. Y esta gente mala debe ser enterrada y servir de abono. La Biblia es de los ricos”.
“Romeo Lucas mandó al Ejército a proteger el territorio. Llegaron a la aldea a interrogar a la gente. Algunos los encubrieron y el Ejército los capturó uno por uno. Los que quedaron, se fueron a las montañas. El Ejército bombardeó esas zonas y murió gente que había sido engañada por la guerrilla”.
Durante el gobierno de Efraín Ríos Montt, Salquil Grande llegó a estar controlada por los guerrilleros y los vecinos fueron obligados a colaborar con la insurgencia. “Logré sacar a 227 personas y llevarlas a Nebaj, el 3 de agosto de 1982. El 15 de agosto el Ejército recuperó la aldea y obviamente, hubo una masacre. Esto es muy diferente que genocidio. Los sobrevivientes se entregaron al Ejército. Algunos de ellos eran guerrilleros y fueron perdonados porque se acogieron a la amnistía. De estos, algunos entregaron campamentos de la guerrilla”.
“No comprendo que se esté hablando de genocidio contra los ixiles, cuando actualmente en Nebaj viven 80 mil ixiles. Entiendo que genocidio es exterminio, entonces ¿dónde está el exterminio de los ixiles? Tampoco es claro que el Ejército odiara a los indígenas, si la mayor parte del Ejército estaba formada por indígenas. Y también en la guerrilla, la mayoría eran indígenas”.
La diferencia, dice Guzaro, es que los soldados defendían la bandera nacional, mientras los guerrilleros traían banderas de otros colores (rojo y negro), “estaban instruidos por extranjeros”.
“Que hagan una comisión para investigar toda la verdad. Muchos ixiles conocemos la verdad, pero organizaciones formadas por ex guerrilleros se han encargado de cambiar los hechos a su favor. El dolor que tienen es que no ganaron el poder que querían. Pero muchos fueron indemnizados, con Q25 mil por persona. Algunos tuvieron familiares muertos por la guerrilla, pero estas organizaciones los orientaron para que cambiaran la verdad. Por amor al dinero fueron a acusar al Ejército”.


































