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lunes, septiembre 27, 2021

Expectativas, retrasos y muertes: legado de una gestión institucional

El doctor Juan Manuel Luna, neumólogo del Roosevelt, afirma que estamos en el peor momento de la pandemia, cuya gestión es fuertemente cuestionada. Entretanto, la ministra de Salud Pública y Asistencia Social, Amelia Flores, afirmó ante la prensa que su legado al país como funcionaria será la gestión de la Covid-19.

Roxana Orantes Córdova

Hoy los medios informaron sobre la iniciativa de ley que exime a las farmacéuticas de responsabilidad a quienes tengan efectos adversos por la inoculación del medicamento experimental que ofrece un alto porcentaje de inmunización y en cualquier caso, reducir los efectos adversos del coronavirus si se llega a contraer a pesar de todo.

El panorama en torno a la pandemia sigue similar a como estaba en el inicio: pocas camas, un protocolo que priva a los enfermos de algunos derechos básicos (como el celular), familiares que no son informados sobre el protocolo y medicamentos y un abordaje de la muerte que está a años luz de lo que plantea el movimiento de cuidados paliativos, enfocado en la atención al ser humano en sus últimos momentos.

Más de un médico considera que retirar el celular a los pacientes es necesario, para evitar la difusión de imágenes morbosas. Por otra parte, esta opinión señala que el mundo está ante un virus desconocido y a nivel mundial, el consenso general es aplicar un protocolo drástico, para tratar de salvar a algunos.

Entretanto, la gestión económica, que permitiría acceso a los insumos y medicamentos, es calificada como indignante por un analista que pidió no ser mencionado. “Vamos por 50 muertes diarias y no se ve ninguna reacción, de las autoridades ni de la ciudadanía. Considero que un grupo de abogados debiera acudir a demandar a Alejandro Giammattei por homicidio, debido a la responsabilidad del gobierno en estos fallecimientos”.

Según esta fuente, nuestro país es el penúltimo en cuanto a vacunas aplicadas. “De casi 17 millones llevamos unos 150 mil. Mientras, “el presidente dejó quemarse en las brasas de las redes a su ministra, Amelia Flores, quien en una larga entrevista con una radio se atrevió a decir que su legado al país será el manejo de la pandemia. Y me pregunto ¿de qué manejo está hablando?”.

“Ya no podemos creerle a Giammattei cuando afirma que pronto vendrán más dosis de la vacuna. El año pasado afirmó que tenía cientos de miles de millones para adquirir dosis, luego ha anunciado varias donaciones. Parece ser el hombre al que más vacunas le han regalado en el mundo. Pero esto no se refleja en Guatemala”, concluye.

En sus redes, el mandatario escribió:

“Anuncio que los maestros y maestras de todo el país, del ámbito público y privado, serán vacunados contra el COVID-19 para que podamos abrir las escuelas. Comprometidos con el país, el sagrado pan del saber continuará llegando a cada niño. #GuatemalaNoSeDetiene“.

Los números de una pandemia que parece eternizarse

Según datos del MSPAS, en Guatemala hay 20,171 casos activos, reportados al 24 de junio. De estos, 8,960 fallecidos y 259,850 recuperados. Se estiman 1,714.2 casos por cada cien mil habitantes y una tasa de letalidad del 3%.

El doctor Juan Manuel Luna, jefe de Neumología del Hospital Roosevelt, señala que ayer 24 fue el peor día en los 16 meses de pandemia, con 2,273 casos reportados y 66 fallecidos, “récord de más muertos”.

“Estamos en una cuarta ola y es grave”, indicó el científico, quien constantemente alerta a la ciudadanía sobre la necesidad de mantener las medidas de prevención y vacunarse de ser posible.

La siguiente gráfica fue proporcionada a Perspectiva por Luna. Para efectos de análisis, cabe mencionar que Guatemala tiene 16 millones 346,950 habitantes; El Salvador, 6,453.553; Costa Rica, 5,075.00 y Panamá 4,279.00.

Una expectativa complicada

La vacuna contra el coronavirus es un hecho inédito en el mundo. Codiciada y temida, el medicamento experimental se plantea como la panacea que terminará con la pandemia, aunque sus promotores reconocen que no garantiza la inmunidad (en el mundo, varios inyectados se han contagiado antes y después de la inyección).

Hoy la prensa oficial dio a conocer el proyecto de ley que el Ejecutivo llevó al Congreso, que responde a la exigencia de las farmacéuticas y las exime de cualquier reacción adversa a la inyección. Asimismo, propone una indemnización simbólica para quienes resulten afectados.

Mencionar que el medicamento experimental puede ser riesgoso y se ha convertido en un tabú. El tema resulta delicado porque implica por una parte la creación de alarma basada en datos que pueden ser falsos, especialmente porque Guatemala no tiene registros oficiales de reacciones negativas.

Incluso se implementó un instrumento digital que denuncia públicamente a quienes según la línea editorial de esa página, generan terror o divulgan falsas informaciones. Sin embargo, muchos de los señalados son químicos, médicos y profesionales de diversos campos que en el ejercicio de la libre expresión, han osado contradecir la narrativa oficial en el mundo, en muchos casos aportando datos que avalan sus afirmaciones. El citado instrumento digital puede calificarse como una especie de policía del lenguaje o de la libre expresión.

Sumado a la censura consensuada por quienes, probablemente con la mejor intención, decidieron que solamente la Organización Mundial de la Salud y las farmacéuticas pueden hablar del tema con alguna propiedad, está el silencio sobre los casos adversos, que se han dado pero de los que no se habla.

Los casos aislados no son estadísticas ni comprueban nada, a esta redacción han llegado por lo menos cinco casos que detallan reacciones adversas. Una familia: padre, madre e hijo, tuvo un trágico desenlace, cuando la madre y el hijo fallecieron por trombosis luego de la vacuna. El padre se encuentra grave. Otro caso similar también comentado a esta redacción, es el de una mujer de 50 años, vacunada hace dos días quien se encuentra hospitalizada por trombosis.

Independientemente de dichos casos, la expectativa de la mayoría es poder vacunarse, y ese punto es crítico en Guatemala. El doctor Luna comentó que lo ideal sería que Guatemala fuera como el Hospital Roosevelt, que ya tiene un cien por ciento de personal vacunado y donde se reportaron muy pocos casos de reacciones, pero ninguna grave.

“Aclaro que en ningún momento fuimos centro de vacunación, pero el personal fue vacunado en su totalidad, excepto un 3% que no quiso, porque vacunarse no es obligatorio. Hubo un porcentaje bajísimo de reacciones adversas, además todos fueron casos leves, y creamos una APP para monitorear y dar seguimiento a las reacciones. Los vacunados podían escanear un código QR que permitió el seguimiento a los casos. Me gustaría que en todo el país se hubiera actuado como con el personal del hospital”, concluyó.

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