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martes, noviembre 30, 2021

“Escapé de Lev Tahor a los 17 años”

Salir del infierno puede ser tan sencillo como “agarré un poco de ropa y me salí”. Esto narra a Perspectiva Yoel Levy, quien a sus 20 años, recuerda cómo escapó del infierno vivido en Lev Tahor, la secta conocida como “talibanes judíos”.

Roxana Orantes Córdova

Roxana Orantes Córdova

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“Nací en la secta Lev Tahor, el 20 de noviembre de 2001”, narra Levy, quien con 20 años encontró la motivación y fortaleza para escapar de la única forma de vida que conocía: una secta de las clasificadas como “peligrosas”, donde se impone desde la forma de vestir hasta el matrimonio.

La historia de este joven es especialmente emotiva, porque logró escapar pese a que Lev Tahor era su único universo conocido.


A diferencia de otras personas que han sido atrapadas en el oscuro mundo de las sectas, Yoel Levy provenía de una familia con arraigo en Lev Tahor. Su abuelo materno fue uno de los primeros en unirse a esa comunidad.


Su madre llegó a Lev Tahor a los siete años y su padre alrededor de los 16, reclutado por un rabino que “poco a poco fue envolviéndolo”. El matrimonio de sus padres se realizó cuando ella tenía 15 años y él 26.

En la siguiente entrevista para Perspectiva, Levy narra el infierno del que logró salir, donde permanecen varios miembros de su familia.

Sin temor a denunciar, este joven de 20 años expone la cruda realidad de una comunidad que creó polémica desde que se asentaron en Guatemala hace unos años. Con un deseo de libertad y la curiosidad por conocer un mundo que le vedaron desde el nacimiento, se armó de valor para preparar su fuga.

Y lo más asombroso en su historia, es que pese al daño sufrido, tiene una visión positiva del futuro.

¿Cómo eran los días viviendo esa experiencia?

Básicamente era todo sufrimiento. Te despiertas, vas a colegio y te castigan por cualquier cosa que hagas. Te castigan los maestros y tus padres. Vivir ahí es sufrimiento todos los días. Niños, adultos, todos sufren. Los niños viven con miedo todo el tiempo. Si hacen cualquier cosa les pegan, castigan y azotan.

¿Qué fue lo peor que viviste ahí?

Me escapé a los dieciséis años y medio. Me hicieron muchas cosas terribles, pero recuerdo una en particular.

En la secta, lo peor que puedes hacer es mentir. Un día dije que estaba teniendo problemas de la vista, me llevaron a chequeo y el diagnóstico del médico fue que mi vista estaba bien.

Me acusaron de mentir y me castigaron de una forma brutal. Me llamaron enfrente de todos y me pegaron con un cincho por todo el cuerpo durante una hora. Eso pasó frente a toda la escuela, había niños de 3 y 4 años viendo. Cosas como esta pasan todos los días, y a todos los niños, sin importar la edad.  

¿En qué momento sentiste la necesidad de escapar?

Me tomó cinco años decidirme y descifrar como lo iba a hacer. Cuando tenía 12 años, nos mudamos de Canadá a Guatemala. Fue la primera vez que vi a otra gente, fuera de la comunidad.

La primera vez que vi otra forma de vivir y me di cuenta de que se veía mejor que la forma como yo vivía. Empecé a pensar que me tenía que ir, aunque no sabía nada del mundo exterior.

En la secta no hay teléfonos, computadoras, televisiones, ni nada que permita contacto con el mundo. No sabía nada del mundo exterior, pero aun así solo quería irme. Como dije, me tomó unos 4 o 5 años pensar como lo iba a hacer y un día cualquiera lo decidí.

Una madrugada, más o menos a las 2 am, escribí una carta a mi madre, la dejé tras la puerta para que la viera en la mañana y luego me fui.

Yoel Levy, viviendo su libertad fuera de la secta. (Fotos cortesía de Levy)

¿Cómo fue el escape?

Agarré un poco de ropa y me salí cuando nadie me vio. La secta es resguardada por guardias de seguridad. Le dije al guardia que tenía permiso de hacer algo en la ciudad, que queda a unas tres horas de Oratorio, Santa Rosa, donde estaba instalada la secta.

Le dije que regresaría al día siguiente, él me creyó y me dejo salir. Si hubiera sido en el día, el guardia hubiera tenido que confirmar mi permiso de salida, pero como era la media noche, no pudo hacerlo y así me fui. Al salir, le pedí ayuda a una persona desconocida que iba pasando, me llevó a la ciudad y me dejó en un hotel.

Yo tenía un número telefónico anotado en un papel, que pertenecía a una persona que había salido de la secta hacía un tiempo. Le marqué y me fue a recoger al hotel. Esta persona me llevó a la embajada de Canadá y ellos me ayudaron a salir después de dos meses de estar en Guatemala de casa en casa.

Cuando llegué a Canadá, me recibieron funcionarios de la Oficina de Protección a Menores, quienes me recogieron en el aeropuerto de Quebec y me colocaron bajo los cuidados de una familia adoptiva temporal. Después de 6 meses, viajé a Israel, donde estuve durante un mes y medio y conocí a varios familiares que no sabía que existían, pues dentro de la secta no puedes hablar con nadie de afuera. Luego regresé a Canadá y terminé viviendo con otra familia adoptiva. 

¿Cuántos familiares permanecen en Lev Tahor?

Mi padre falleció dentro de la secta y mi madre se casó con otra persona, con quien tuvo otros hijos. Además de mi madre, tengo ocho hermanos dentro. También primos, tíos, mi abuela, todos siguen allí.

¿Cómo decidiste denunciar y contar tu testimonio?

Algunas personas se me acercaron y me preguntaron si estaría dispuesto a denunciar. Lo quería hacer desde hace un tiempo, pero no tenía el dinero y no pude hacerlo. Cuando ellos me preguntaron si quería hacerlo, de inmediato accedí, pues era algo que yo quería hacer. Sabía que alguien estaba haciendo algo para detener a Lev Tahor pero no sabía quien era. Cuando estas personas me contactaron, no lo dudé y al día siguiente estaba viajando a Guatemala para relatar mi testimonio.

¿Qué quieres lograr a corto, mediano y largo plazo luego de haber salido de la comunidad?

Aún estoy descubriendo cuáles son mis talentos y qué es lo que me gusta. Solo sé que quiero hacer algo que sea productivo, pero aun me encuentro descubriendo el mundo.

Quiero ir a la universidad, pues no tengo conocimiento de cosas básicas, necesito aprender muchas cosas que no pude aprender por estar encerrado en Lev Tahor.

Quisiera poder hacer una actividad que me permita mantenerme económicamente. Me gustaría mudarme a Estados Unidos y estudiar, para ir abriendo posibilidades para mí. En el largo plazo es algo que debo pensar, quizás lo descubra luego de estudiar.

¿Qué esperas que pase con Lev Tahor?

Me gustaría salvar a todos los que están atrapados, regresarlos a sus países y darles la oportunidad de recuperar sus vidas, que tengan una vida normal. Son personas inocentes que no tuvieron opción, nacieron allí y solo por eso están condenados a sufrir todos los días. Espero que las autoridades detengan a Lev Tahor y salven a todas esas personas inocentes.

¿Cómo ha cambiado tu vida?

Para empezar, casi todo lo que hice cuando salí de la secta lo hice por primera vez. Por primera vez pude vestirme con ropa normal, pues en Lev Tahor teníamos que vestirnos totalmente tapados, como si fuéramos talibanes, a pesar de que en Oratorio había mucho calor.

La primera vez que fui a un restaurante tenía 17 años. Comer comida normal, pizza, hamburguesas, eso lo hice hasta que salí de la secta. Nunca tuve juguetes, por ejemplo.

Ir al parque, ver una película, todo lo que se me ocurre, la primera vez que lo hice fue cuando salí de Lev Tahor. Aunque no sabía que estaba sufriendo y no conocía nada más, sentía que algo no estaba bien. Ahora lo sé, y me doy cuenta de cuanto estaba sufriendo ahí dentro. Puedo disfrutar mi vida, ser libre y hacer lo que quiero sin ser golpeado, castigado o humillado.

 

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