Vandalismo actual: ¿iconoclastas modernos?

Un historiador y sociólogo (Carlos Sabino), y un antropólogo (Julio Abdel Azis Valdés), ambos docentes universitarios, comentan los hechos vandálicos cometidos el sábado recién pasado por un grupo insignificante numéricamente, pero decidido a hacerse notar por medio de la destrucción.

Roxana Orantes Córdova

La imitación local de las protestas en Colombia y otros países, dejó como saldo suciedad, pavimentos y paredes pintarrajeados con consignas que van de de la demanda a la blasfemia.

El grupo que convoca se denomina “negro bloque” y se expresa en una cuenta de Twitter creada recientemente y con poco más de 400 seguidores. Se definen como “mujeres autoconvocadas” y su identidad es un calco local de Black Lives Matter, que en 2020 obtuvo US$90 millones en donaciones y se convirtió en financista de grupos similares.

La bonanza económica de BLM luego de la destrucción que sus protestas dejaron en varias ciudades estadounidenses, también se refleja en la vida privada de sus activistas. Por ejemplo, Patrisse Cullors, una de sus fundadoras, motivó polémica con la compra de una residencia de US$1.4 millones en una lujosa zona de mayoría blanca, en Los Ángeles.

“Las acciones que se dan en Guatemala, parecen una carta de presentación para BLM, que se convirtió en agencia de cooperación”, señala Valdés.

Aunque la convocatoria no reunió ni 500 personas, entre la capital y los que protestaron en la cabecera departamental de Quetzaltenango, el pequeño número de vándalos logró “hacer bulla”, destruyendo propiedad privada y bien común ante la actitud impasible de las autoridades, queprefieren ver a otro lado para evitarse señalamientos de represores que atentan contra los derechos humanos.

Por ejemplo, el derecho a ensuciar, destruir e insultar todo lo que consideren contrario a sus consignas, que según Julio Valdés, se basan mucho más en la emoción que en la razón, en tanto Sabino afirma que el gobierno debería actuar antes de que esas protestas no puedan ser controladas.

“Los organismos de seguridad deberían actuar”, señala Sabino

El doctor Carlos Sabino afirma:

“Me parece muy lamentable que se están promoviendo en varios países, primero fue Chile, ahora Colombia y ahora intentos de hacerlo en Guatemala y otros lugares. Pienso que los organismos de seguridad deberían actuar para cortar de raíz esas protestas, no importa contra qué monumentos se enfile la gente, hay que respetar el patrimonio cultural del país, la vida y la circulación, la propiedad de la gente a la cual le queman carros o rompen negocios,

Estos vándalos no saben el esfuerzo que es comprarse un carro o montar un negocio y llenarlo de mercadería. Pienso que ojalá el gobierno actuara antes de que estas protestas se hagan en grande, porque después no van a poder”.

¿Iconoclastas o provocadores?

Conversando con Valdés sobre este tema, señala que si bien tienen algunas similitudes con los iconoclastas de los siglos VIII y IX, los vándalos que destruyeron monumentos, negocios y bien público a su paso, parecen más guiados por un afán de provocación para lograr reacciones de las autoridades y que la gente se sume a su movimiento por solidaridad, que como una expresión ideológica.

Pareciera un grupo que está tomando el pulso a las autoridades, evaluando las reacciónes del Estado, dice Valdés, quien añade que esta actitud de observación viene desde noviembre de 2020. Por su parte, el gobierno evita reaccionar, pese a lo sencillo que pudo haber sido capturar a unos cien manifestantes y treinta vándalos, debido al deterioro de la imagen gubernamental.

“Dudo que como los iconoclastas antiguos tengan conocimiento profundo de lo que están destruyendo y por qué lo hacen. Es un movimiento que inició hace unos años en México y en Guatemala se está nutriendo”.

Inicialmente, señala, los hechos vandálicos se produjeron en la sexta avenida de la zona 1, donde se reiteraron ataques contra la iglesia Santa Clara, la panadería San Martín y Mc Donald´s.

El sábado se expandieron hacia la Avenida la Reforma, y desde el Obelisco hasta el Palacio Nacional de la Cultura, cometieron varios ataques contra monumentos y sitios que Valdés califica como “emblemas del liberalismo”: monumento a Álvaro Arzú, monumento a Justo Rufino Barrios, sede del Partido Unionista, paradas de Transmetro, por ejemplo.

Pero además, hubo otro tipo de destrucción que pareciera menos selectivo, como el caso del monumento a Miguel Ángel Asturias, que demuestra “ignorancia y provocación”, comenta.

Finalmente, indica: “es un movimiento dirigido a jóvenes, no a adultos ni a la clase trabajadora. Apela a la rebeldía generacional y busca reunir a desempleados y jóvenes que son sostenidos por sus padres, quienes no tienen idea de cómo sus padres logran llevar la crisis que se vive. Y apelan a los sentimientos sobre la razón”.