Hoy hace 491 años Juan Diego expuso su tilma con la impresión de la Satísima Virgen de Guadalupe ante el obispo y asombrados testigos. El hecho marca el inicio del diálogo entre la Iglesia Católica y los fieles hispanoamericanos, inaugurando en América Latina el culto a la Guadalupana, madre no solo de México sino de todos los fieles hispanohablantes que recuerdan con veneración el momento trascendental en que el hoy santo mexicano demostró que en realidad había visto y hablado con la Reina del Cielo.
Redacción Perspectiva
El sabio y gobernante indígena Antonio Valeriano (1522-1605), escribió en náhualt el texto que narra las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Según diversas fuentes, llamado Nican Mopohua (aquí se narra), es el más conocido de todos los documentos que reseñan el milagro guadalupano.
Según el texto, cuya historia es ampliamente conocida por todos los católicos, el obispo fray Juan de Zumárraga había pedido al indígena una señal para convencerse de que realmente había hablado con la Virgen.
El milagro de las rosas y un diálogo que cambió a la cristiandad
El 12 de diciembre de 1531, Juan Diego buscaba un sacerdote para confesar a su tío, enfermo de gravedad. Desde el 9, se había encontrado con María más de una vez, pero el obispo y otros religiosos no le creían.
Ese día, decidió rodear el Tepeyac, para no encontrarse con la Virgen, ya que temía no llegar a tiempo con el consuelo espiritual para su tío. Sin embargo, la Madre de Dios se le apareció y entabló con él un diálogo cariñoso, en el que le dice: “el más pequeño de mis hijos”, mientras el santo indígena le responde en términos similares.
Al ver la amabilidad de María, Juan Diego le pidió una señal para llevar al obispo, con lo que ella le indicó que cortara varias rosas y se las llevara. Al llegar con el religioso y abrir la tilma, del lienzo cayeron flores y en la tela apareció impresa la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe, a la fecha símbolo y referente de la religiosidad hispanoamericana.


































