El 8 de septiembre se celebra la natividad de María. De acuerdo con la tradición católica se sitúa el lugar del nacimiento de la madre de Jesús en Galilea o muy probablemente en Jerusalén.
Redacción Perspectiva
El Nacimiento de la Virgen María o Natividad de María se celebra nueve meses después de la dedicada a la Inmaculada Concepción de la Virgen que se celebra el 8 de diciembre y marca la apertura del año litúrgico bizantino, el cual se cierra con la Dormición, en agosto.
Un escrito apócrifo del siglo II, conocido con el nombre de Protoevangelio de Santiago, indica los nombres de sus padres: Joaquín y Ana, que la Iglesia inscribió en el calendario litúrgico.
Diversas tradiciones sitúan el lugar del nacimiento de María en Galilea o, con mayor probabilidad, en la ciudad santa de Jerusalén, donde se han encontrado las ruinas de una basílica bizantina del siglo V, edificada sobre la llamada casa de Santa Ana, muy cerca de la piscina Probática.

La celebración del nacimiento de María se caracteriza por llevar un mensaje premesiánico. En Occidente, la celebración de la natividad de María fue introducida hacia el siglo VII y era celebrada con una procesión-letanía, que terminaba en la Basílica de Santa María la Mayor.
Es famosa la homilía que pronunció San Juan Damasceno (675-749) un 8 de septiembre en la Basílica de Santa Ana, de la cual se pronunciaron los siguientes párrafos:
“¡Ea, pueblos todos, hombres de cualquier raza y lugar, de cualquier época y condición, celebremos con alegría la fiesta natalicia del gozo de todo el Universo. Tenemos razones muy válidas para honrar el nacimiento de la Madre de Dios, por medio de la cual todo el género humano ha sido restaurado y la tristeza de la primera madre, Eva, se ha transformado en gozo. Ésta escuchó la sentencia divina: parirás con dolor. A María, por el contrario, se le dijo: Alégrate, llena de gracia!

Existen cuatro dogmas cristianos sobre María. Dos de ellos aceptados por todas las corrientes cristianas y fueron establecidos en los primeros siglos después de Cristo, mientras que los otros dos pertenecen a tiempos contemporáneos (1845 y 1950).
Los dos primeros surgieron de Concilios; los dos últimos son pronunciamientos papales, en respuesta a la devoción popular. El primer dogma es la virginidad de María –concibió a su hijo por gracia divina- y el segundo es el que la proclama madre de Dios. Esto, debatido como vimos en el concilio de Éfeso, coincide con el momento en que se establece que en Jesús conviven lo humano y lo divino: el hijo de María es Dios encarnado.
El tercer dogma establece que María concibió sin mácula, es decir, que ella estaba libre del pecado original con el cual nacen todos los demás mortales. Teorizado en el siglo XIII, este dogma fue muy popular antes de recibir sanción pontificia por Pío IX en el año 1854.
El cuarto y último dogma es la Asunción de María al cielo, en cuerpo y alma, luego de morir y ser sepultada. Antes de ser dogma, por decisión del Papa Pío XII el 1º de noviembre de 1950, la Asunción ya era una creencia popular y la fiesta estaba muy difundida.

































