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sábado, mayo 21, 2022

El sonido de la Semana Santa

El sonido de la Semana Santa en Guatemala es inconfundible: va desde piezas antiquísimas compuestas desde el siglo XVI a composiciones relativamente recientes, como Noche de luna entre ruinas, de Mariano Valverde.

Redacción Perspectiva

Una de las músicas más amadas e identitarias para los guatemaltecos son las marchas fúnebres de la Semana Santa, conocidas como música de Cuaresma y Semana Santa, que son parte de una identidad única e irrepetible.

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De la más antigua a la época actual

La partitura más antigua de marchas fúnebres encontrada en Guatemala data del año 1594 y se interpretó en la procesión del Cristo de los Reyes de la Catedral de Santiago de Guatemala. La partitura incompleta está en los archivos de la Catedral.

A partir de entonces, las marchas se multiplicaron y en el país florece un género musical que persiste hasta la fecha. Santiago Coronado (1888), Jorge de León Paniagua (1921), Antonio Millián (1935) y Haydee Moncrieff (1961), son solo algunos de los compositores cuyas obras acompañan los cortejos fúnebres procesionales.

No puede dejar de mencionarse la pieza Noche de luna entre ruinas, compuesta por Mariano Valverde en homenaje a su madre fallecida en el terremoto que asoló la ciudad de Quetzaltenango en 1902.

Pese a que esta composición no fue creada específicamente para acompañar un cortejo procesional, su solemnidad y el dolor que trasciende de ella la convierten en el acompañamiento idóneo para varias procesiones y muchas son las bandas que la tienen como parte de su repertorio.

La creación de música sacra no ha cesado en el país y en 2016 se estrenó una marcha oficial para la Santísima Virgen de Dolores de Santa Ana, Chimaltenango, que no contaba con una marcha oficial. Esta fue creada por el joven maestro Pablo Enrique Pajarito Rumpich (fallecido). Fue el maestro David Subuyuj, compositor del Consagrado de Payolá, quien terminó de revisar y hacer los arreglos a la obra, que Pajarito no pudo concluir.

Es así como las marchas son parte de una identidad mestiza, única e irrepetible, que lejos de extinguirse, se renueva cada año con nuevos aportes, dotando a las imágenes veneradas en todos los rincones del país, de su música oficial para acompañar los cortejos.

 

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