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sábado, mayo 21, 2022

Alfombras, una muestra de fe cristiana y herencia ancestral

Alfombras de Semana Santa: son elemento infaltable y característico en Guatemala, reconocida mundialmente como uno de los países donde las alfombras de aserrín, flores y hasta frutos, se convirtieron en una expresión artística de alta calidad. Su origen es tan variado que se extiende geográficamente hasta las Islas Canarias, e históricamente, llega a la época precolombina.

Redacción Perspectiva

Casi todos los guatemaltecos católicos participaron alguna vez en la elaboración de las bellas alfombras que aportan aromas, color y carácter a nuestra Semana Santa. La relación entre la fecha y las alfombras es tan fuerte, que incluso se mencionó alguna vez el origen guatemalteco de esta tradición.

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Esto no es exacto, ni siquiera cercano a la realidad. Lo cierto, es que en la actualidad, la Semana Santa guatemalteca no podría desligarse de las alfombras y no es posible concebir el festejo sin la presencia de estas obras de arte, sacro y efímero, que caracterizan la época en todo el país.

De las aldeas más remotas, donde se suelen realizar alfombras con flores y frutos diversos, al paso de un pequeño cortejo, a las monumentales procesiones de Antigua Guatemala y las creaciones contemporáneas de la ciudad capital, las alfombras de Semana Santa son hoy un sello que identifica la temporada.

Alfombras, con un origen lejano, histórica y geográficamente

Las figuras de las alfombras van desde lo geométrico a lo realista, con representaciones del Evangelio e imágenes piadosas.

Su existencia es resultado de la mezcla entre la fe de los misioneros franciscanos que llegaron durante la colonización y los rituales precolombinos de pueblos mesoamericanos, que durante sus ritos procesionales extendían flores y corozo, ese fruto con el aroma particular de nuestra Semana Santa.

Según la publicación católica Aleteia, durante el siglo XVI, los tlaxcaltecas que llegaron con los conquistadores españoles, obtuvieron permiso para asentarse junto a los colonizadores y realizaban procesiones extendiendo pino, flores y plumas de ave.

Sumándose a la influencia de los ancestros indígenas, está el evidente aporte de los españoles. En las Islas Canarias (Tenerife y la Gomera), hay testimonios escritos sobre la elaboración de alfombras rituales con tierras de colores, arena y flores, desde el siglo VII de la era cristiana.

El Santo hermano Pedro, quien tuvo tanta influencia en la cristianización y la religiosidad popular en Guatemala, era originario de Tenerife, y es muy posible que este origen tuviera relación con el carácter que adoptó la conmemoración de la Semana Santa en Guatemala.

Está documentado que alrededor de 1264, el Papa Urbano IV consagró la festividad del Corpus y en 1320, en Barcelona se celebraba dicha procesión, en la que el suelo por donde pasaría la procesión, era literalmente sembrado con plantas aromáticas y pétalos de rosa.

 

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