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viernes, agosto 12, 2022

Toma de la USAC y el discurso proletario estudiantil

Durante los años setenta en plena ebullición de los movimientos sociales promovidos por organizaciones insurgente en todo el país, la USAC fue el caldo de cultivo para el desarrollo de la lógica de lucha de masas que se justificaba con el discurso de “el pueblo en lucha” “la sociedad en su conjunto” “la juventud en pleno” y sobre todo “los estudiantes revolucionarios”.

Julio Abdel Aziz Valdez

La propaganda y la imposición dogmática de la ideología tenía como objetivo formar políticamente a quienes tendrían el trabajo de reconfigurar el Estado una vez la revolución por las armas cambiara todo el sistema, eso obviamente no sucedió pero el germen ideológico permaneció y lo hizo gracias a que la Universidad siguió siendo uno de los únicos entes del Estado que da cobertura y seguridad laboral a quienes paradójicamente promueven la destrucción de este Estado para formar uno más grande y totalitario.

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Este preámbulo histórico nos sirve para entender la lógica actual que hay en un grupo reducido de supuestos estudiantes que han tomado las instalaciones de la universidad para mostrar su enojo militante ante lo que ellos denominan fraude, no voy a profundizar en eso porque seguro ya lo han visto en otros lados, sino mas bien en esa idea retorcida que estos jóvenes, en apariencia, tienen para llevar a cabo su protesta.

Creen que un estudiante es un trabajador, o sea, un asalariado que ante las injusticias del patrono se le enfrenta con la acción colectiva de un sindicato llamando a una huelga, abandona su puesto de trabajo y cierra las puertas de la fábrica para impedir que esquiroles vayan y trabajen y demuestren que esos trabajadores en rebeldía son prescindibles.

A diferencia de los años setenta cuando la USAC se masificó, con la presencia de miles de estudiantes provenientes de las clases mas pobres y desamparadas que buscaban escalar un peldaño en la pirámide social, los actuales son hijos de profesionales, de padres que pudieron pagar un colegio privado o que tienen la posibilidad de eximir a los chicos de un trabajo mientras invierten en estudio, esta condición sociológica nos dispone una pregunta válida ¿Quiénes son los que están detrás de esta toma? Y no me refiero a los nombres, los cuales son indiferentes, sino al estrato social, al perfil psicológico de aquellos quienes hoy asumen tener la solvencia moral tan elevada que les impide tener empatía con miles de estudiantes que desean seguir sus estudios.

Empecemos por puntualizar que estos supuestos estudiantes revolucionarios no son trabajadores a diferencia de la mayoría de los que hoy están matriculados, de lo contrario no dispondrían de tiempo a su disposición, son personas ideologizadas desde antes de este hecho, la llamada conciencia social no se produce por acto de magia, dicho en otras palabras, no es producto del contexto sino es este el que es manipulado por quienes se han ideologizado antes, esto me lleva a que estos jóvenes son producto de la formación universitaria y de la formación recibida en casa, muchos de ellos son hijos de académicos y políticos que intentan dejar un legado o herencia en sus propios hijos, contradictoriamente son pocos, pero eso no importa porque parte de aquella herencia ideológica es la autojustificación de que no se necesita la convalidación social si su justificación es válida al menos para ellos, y les puedo asegurar con la llamada “digna resistencia” validación no falta.

Frente a este diminuto grupo de jóvenes radicalizados están las masas de estudiantes que saben que una vez han ingresado a la universidad se pone en marcha un cronometro, el cual se ha detenido momentáneamente, ellos han comprendido que participar en organizaciones estudiantiles es la mejor forma de perder tiempo ahora lo confirman pero la U no les ha dado las armas discursivas para enfrentarlos, después de todo el adoctrinamiento es parejo, la mejor forma sería recordarles que como estudiantes no son obreros de fabrica y menos piezas de ajedrez de políticos e intelectuales y que esos pocos años en aulas es lo que determina si pueden avanzar en la movilidad social que tanto necesitamos todos.

 

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