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martes, mayo 24, 2022

Resarcimientos y compensaciones, el populismo del post conflicto

Julio Abdel Aziz Valdez

El presidente Nayib Bukele anulaba para inicios del presente año la conmemoración de la firma de los Acuerdos de Paz en el Salvador bajo el argumento de que “lejos de representar un beneficio para la población se constituyeron como el inicio de una era de corrupción” y en efecto, más allá de que estos significaron el fin del conflicto y por lo tanto el callar de las armas, lo que vino después fue la era del bipartidismo y con ello nuevas versiones de corrupción que no solo expulsó a miles de salvadoreños de su país sino que desde 1992 hasta el presente año han provocado más muertes que en todo el conflicto, igual que en Guatemala.

Exactamente igual ha sido en Guatemala, con la paradoja más grande de todo del mundo que una de las partes firmantes, la guerrilla, demostró en época de paz que no representaban más que a un puñado de personas que secuestraron discursos y argumentos para que la comunidad internacional los reconociese como lo que no eran una fuerza política.

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En 24 años de “paz” se han producido a partir de la narrativa lastimera y victimista tres programas que han sentado las bases del clientelismo y populismo del Estado, 1. Resarcimiento a las víctimas, 2. Pago a expatrulleros y ahora 3. Pago a veteranos del ejercito

En el año 2003 durante la presidencia de Oscar Berger pero impulsado durante el periodo de Alfonso Portillo, hoy abanderado de la disidencia de izquierda, destinó Q403 millones para compensar a 250,000 expatrulleros, (https://cien.org.gt/wp-content/uploads/2018/09/carta_economica246_informe-sobre-el-aporte-de-capital-a-las-exPac_junio2003.pdf)  que luego fue aumentando en tanto que los listados de los mismos aumento y luego, al igual que ahora, se intento justificar dichos desembolsos en programas de reforestación que finalmente no se llevaron a cabo.

En ese mismo año 2003 se promulgó el decreto que dio vida al Programa Nacional de Resarcimiento que por cierto desde su creación presionada por la llamado cooperación internacional, la misma que facilito la firma de los acuerdos de paz en 1996, rechazaba vehemente que se incluyesen a los patrulleros porque asumían que estos eran victimarios, del 2005 al 2016 en diferentes periodos se destinaron 89.7 millones de dólares para resarcimientos individuales y colectivos para un total de 43,623 personas ( https://www.redalyc.org/journal/812/81258313007/html/)  que según varias organizaciones de victimas no abarca a la totalidad de las mismas, por lo que siguen reclamando mas resarcimientos, sin contar por supuesto los casos emblemáticos como el homicidio de Mirna Mack o el de Dos Erres que por haber llegado a instancias supranacionales han tenido pagos mucho mas elevados de la media, paradójicamente esos casos especiales son los que han sido utilizados para aceptar draconianas presiones para pagar a los víctimas por parte de la Unión Europea y el Gobierno norteamericano.

Por último, nos estamos acercando a la propuesta de ley del programa del servicio cívico ambiental que intenta pagar a 400 mil personas un monto de 60 mil quetzales en tres pagos de 20 mil, claro para que el clientelismo no sea tan descarado se plantea, en el mismo título de la propuesta de la ley, que los beneficiarios puedan brindar servicios “en sus comunidades” para la conservación del medio ambiente (https://www.congreso.gob.gt/noticias_congreso/6732/2021/1 )

Como podremos ver, en las dos primeras leyes y la tercera en propuesta guardan en común la narrativa sobre el conflicto que se generó una vez finalizado este, por un lado la visión de que si al final la guerrilla no ganó el conflicto se debió a los patrulleros y luego a los soldados, claro no llegaron a entender estos que en realidad el verdadero ganador de esto fue la imposición visceral de la comunidad internacional que obligó al Estado a dar un reconocimiento a la guerrilla que no tenía ninguna representatividad ni asidero y, que para el inicio de la década del noventa ya no representaba una amenaza militar.

En cada uno de estos pagos existe la solicitud expresa de pago de favores políticos por medio del voto, excepto con las llamadas victimas que deben sus resarcimientos no solo en la captura de estamentos del Estado por parte de la narrativa victimista sino que su pago se dispuso como obligación para acceder a préstamos y ayudas del extranjero que mantuvieron funcionando el esquema asistencialista del Estado, contradictoriamente la guerrilla convertida en partido político no logró capitalizar los votos clientelares como si lo hicieron los del partido UNE.

No hemos contado los recursos utilizados en la desmovilización de los elementos supuestamente activos de la guerrilla porque no marcan la diferencia, no así la inversión en retornados y reasentados que también se cuenta en miles de millones de dólares que en otro momento abordaremos.

Estos tres grupos también tienen en común que sus organizaciones representativas se han dado a la tarea de inflar e inflar sus números en tanto que esto les proporciona mayores perspectivas de negociación, es mucho más atractivo frente al poder y partidos políticos, no así al erario nacional que se desangrado en recursos que además no solucionaron la pobreza de los supuestos beneficiarios al contrario eleva los niveles de dependencia y enciende las calderas del clientelismo, pobres dispuestos a asumir narrativas populistas inventadas por quienes reparten el dinero que no les pertenece, la analogía del dinero arrojado desde un helicóptero de Friedman se cumple al 100%.

 

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