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viernes, enero 28, 2022

¿Realmente gano el comunismo electoralmente en Chile? Una mirada desde Guatemala

Julio Abdel Aziz Valdez

Antes de ser censurado por la izquierda guatemalteca local que constantemente se burla de que la asocien con el comunismo asumiendo que este o no existe o simplemente es una manifestación de la paranoia conservadora local hay que recalcar que en efecto el candidato Gabriel Boric encabezaba una alianza de partidos de izquierda en Chile y uno de ellos el Partido Comunista de Chile, uno de los más emblemáticos y antiguos que sobrevivieron la Guerra Fría, a la caída del imperio soviético y porque no decirlo el embate de la dictadura de Pinochet, por lo que afirmar que ganó el comunismo no es una metáfora, en todo caso podrían algunos afirmar que el comunismo ortodoxo no forma parte de la propuesta de Boric en tanto que su alianza política con democristianos y socialdemócratas esta atenuando las aspiraciones hacia un orden más cercano al totalitario o nostálgico de los tiempos de Allende.

No quisiera sustituir el análisis de expertos en política chilena, que imagino tienen muchos mas argumentos que los que yo pueda abordar, sino ver este hecho político desde la óptica guatemalteca, a saber.

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Estamos acostumbrados a ver como las propuestas socialistas proliferan en medio donde la pobreza y la exclusión proliferan, vaya, algunos hasta se animan a afirmar que esta es una respuesta viable para que los pobres puedan salir de su pobreza, pero el caso de Chile no es ese, si bien existe pobreza no fue esta la que llevo a la victoria a este presidente milenial, condiciones completamente diferentes a las vividas a inicios de la década de los setenta, por lo que afirmar que fue la juventud milenial la que triunfó no faltaría a la verdad. Personas que no solo ignoran que es el comunismo en la vida real sino viven una especie de enamoramiento provocado por narrativas implantadas en el subconsciente colectivo léase el derecho al aborto, los pueblos ancestrales, el feminismo como expresión del igualitarismo y toda la versión sui generis del derrocamiento de Allende la “memoria histórica” retorcida, hasta los cambios generacionales, jóvenes que disfrutan de los logros económicos de sus propios padres y que simplemente están heredando, parece esta una explicación en extremo simple pero finalmente que es sino este un logro de las clases medias el poder heredar atajos y facilidades a las generaciones posteriores.

Hablar de comunismo y apoyarlo no es lo mismo que vivirlo eso es claro, pero antes que griten de enojo los apologéticos de siempre, un Chile comunista no se alcanza con un simple cambio de presidente, igual son solo 4 años los que constitucionalmente estará, esta afirmación podría ser respondida con los ejemplos de Venezuela y Nicaragua donde los gobiernos de corte totalitario llegaron luego de eventos eleccionarios de ahí partieron para definir que el sistema requería de un largo aliento y este solo puede ser alcanzado en la medida que el totalitarismo se impone con cambios en el sistema republicano y en las estructuras mentales que por cierto ya se impusieron.

Pero regresando a la óptica local, las izquierdas vuelven a respirar profundo y ven como una plataforma abiertamente confiscatoria, culturalista y feminista pueden calar en la conciencia electoral. Boric llego no ocultando su proyecto en términos ambivalentes, un lenguaje que le encanta a la izquierda guatemalteca usar, es por eso que el “si se puede” regresa a la grandilocuencia vernácula, es hora de volver a recalcar que se necesita la inclusión sexual, el aborto, la plurinacionalidad, la nacionalización de servicios y sobre todo la destrucción de la división de los poderes, todo esto ha enfrentado en otros momentos de la historia la resistencia ciudadana, tanto en las calles como en las urnas, se cometieron errores con plataformas partidarias como la DCG y la UNE pero que no duraron más allá del período de 4 años, las ofertas etnicistas tampoco faltaron y fueron rechazadas por los mismos que decían representar tal es el caso de Rigoberta Menchú y Telma Cabrera quienes además representan el fanatismo etnocéntrico y victimista.

Hay que respetar la decisión del electorado chileno, la base elemental del sistema democrático lo mismo aconteció hace unos meses en Perú, pero eso no significa el callar frente a lo que representan y como la izquierda local intenta, como es de costumbre, aprovechar los momentos para intentar imponer lo que no pudieron hacer por medio de las armas.

 

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