¿Qué nos queda de la visita de la vicepresidente Harris?

Salvador Paiz

La semana pasada publiqué en este espacio una carta abierta a la vicepresidente de Estados Unidos, Kamala Harris. La visita de un vicepresidente de nuestro principal socio comercial siempre es significativa y merece analizarse. ¿Qué nos queda de esta visita?  

Ciertamente es una señal importante que el primer país al que viaje la vicepresidente Harris haya sido Guatemala. Ella y el presidente Giammattei anunciaron algunos primeros acuerdos, aunque francamente tímidos al sumar $88 millones en tres años. Entre los anuncios resalta la creación de una fuerza de tarea anticorrupción y contra la trata de personas. En palabras de la vicepresidente estos esfuerzos “van a fortalecer la seguridad y la prosperidad para el pueblo guatemalteco y de Estados Unidos”. Sin embargo, anteriores esfuerzos en esa línea, igualmente loables en sus aspiraciones, han sido secuestrados y convertidos en poderosas armas destructoras al servicio de esos mismos secuestradores.  

La independencia del sistema de justicia es fundamental para el funcionamiento de nuestra república y es un requerimiento indispensable para acabar con la cleptocracia y la impunidad en nuestro país. Sin embargo, da la impresión que los esfuerzos serán dirigidos a la parte acusatoria del proceso y hacia ciertas unidades del Ministerio Público, en lugar del fortalecimiento de nuestras cortes. Hagamos una revisión a nuestra cadena de seguridad y justicia. Si lo vemos como un flujo ingenieril, tal y como lo hace el Flujograma de Justicia Criminal, nos daremos cuenta que el actual cuello de botella está en las cortes, y no en el Ministerio Público.

Para mejorar cualquier sistema, es necesario enfocarse en su cuello de botella. Todo esfuerzo que no incida en el cuello de botella es estéril y, me atrevería a decir, hasta contraproducente. La digitalización de las cortes, para citar una iniciativa concreta, atendería el actual cuello de botella y aportaría muchísimo para reducir los tiempos en que se logra una sentencia. Nuestro sistema ya no puede más. Es una bomba de tiempo que tenemos que desmantelar lo más pronto posible.

En otros temas, la vicepresidente Kamala Harris fue muy contundente cuando trató el tema de migración. Sus palabras fueron inequívocas: “quiero ser clara para todos aquellos en la región que están pensando en emprender el peligroso trayecto hacia la frontera entre Estados Unidos y México: no vengan. No vengan”. Como ya he mencionado anteriormente, nosotros, como nación, somos los primeros interesados en resolver el fenómeno de la migración irregular y la fuga de talento. ¿Cómo podemos lograrlo? Creando más oportunidades de trabajo digno para que los guatemaltecos encuentren empleo en el país que los vio nacer.

Aplicando la misma lógica y pensamiento sistémico, identificamos como los principales cuellos de botella (o frenos que hoy detienen nuestra capacidad de generar esos buenos empleos) los siguientes: infraestructura vial colapsada e insuficiente, capacidad de atracción de inversión extranjera, certeza jurídica y plazos de resolución de conflictos, burocracia y tramitología, y disponibilidad de talento. El Plan Guatemala No Se Detiene incluye acciones concretas para atender estos cuellos de botella en el corto plazo con miras a generar 2.5 millones de buenos empleos para el 2030.

Es importante que entendamos que esta visita es significativa pero que no resolverá todos nuestros problemas. Esta visita es el inicio, el banderazo de salida en la búsqueda conjunta de esas soluciones. Pero quizás más trascendental sea el que representa la excusa perfecta para reanudar el diálogo y reducir la polarización entre nosotros. Al final, las soluciones a nuestros problemas de nación son nuestra responsabilidad.