Percepciones, ¿acertadas o equivocadas?

Salvador Paiz

Una brecha de percepción sucede cuando nuestro conocimiento de algún riesgo difiere del riesgo real.  Eso provoca cambios en nuestros comportamientos, en ciertos casos asumiendo riesgos que consideramos bajos y dejando de realizar actividades por considerarlas altas en riesgo. Por ejemplo, muchas personas dejan de nadar en el océano por temor a ser atacados por un tiburón. El riesgo de fallecimiento por ataque de tiburón durante todas nuestras vidas es menor a 1 en 3.7 millones y minúsculo comparado al riesgo de fallecer en un accidente automovilístico. Seguramente, películas como “Jaws” habrán alterado nuestra percepción de riesgo.

Algo similar sucede cuando los medios de comunicación empiezan a escandalizar con el supuesto hecho que la tasa de homicidios “se disparó”. Es cierto que en temas de seguridad ciudadana no estamos donde quisiéramos estar, y también es innegable que cada vida que se pierde es una tragedia. Pero, francamente, me parece una irresponsabilidad de los medios el uso de ciertos adjetivos “amarillistas”, el pobre uso de las estadísticas y el fomentar la escandalización.

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En lugar de escandalizarnos, debemos realmente analizar si estamos mejorando o desmejorando en materia de seguridad ciudadana y en Estado de Derecho. Por ejemplo, la tasa de homicidios muestra una mejora a mayo de 17.1 homicidios por cada 100 mil habitantes comparado a la tasa pre pandemia de 21.5 en 2019. Del 2009 a la fecha, la tasa de homicidios ha caído a una tercera parte. Además, si uno ignorase el 2020 por la pandemia (por haber sido totalmente atípico), la tendencia sigue siendo una tendencia a la baja. Hoy, nuestra tasa de homicidios está por debajo de tasas de homicidios de ciudades peligrosas de Estados Unidos, como Washington o Chicago. Sin embargo, nuestra percepción, alimentada por ciertos medios, es que seguimos atrapados en la Guatemala hiper violenta del 2009.

Preguntémonos, ¿habrá algún otro país en la región, que tenga la misma baja en tasa de homicidios que ha tenido Guatemala? Tomemos el ejemplo de México y Colombia, en una década no han demostrado tener un cambio drástico. Por un lado, México pasó de tener una tasa de homicidios de 18 por 100 mil habitantes en 2009, a 26 homicidios por 100 mil habitantes en 2021. En Colombia, la tasa de homicidios se ha mantenido estancada desde 2014, oscilando entre 24 y 26 homicidios por 100 mil habitantes. Mientras tanto, en Guatemala hemos tenido una mejora sostenida por más de una década. Es posible ver una tendencia multianual sostenida y eso es de celebrar.

Otra variable para analizar es el tema del Estado de Derecho. Para ello, el Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN) presentó el Proyecto de Justicia Mundial. Este es un estudio cualitativo que busca conocer la percepción que los guatemaltecos tienen del Estado de Derecho. Los resultados reflejan una percepción débil Estado de Derecho y la justicia criminal. De acuerdo con este informe, de los 139 países analizados, Guatemala ocupa el lugar 109, con una percepción desfavorable, seguido de países como Venezuela y Nicaragua, cuyas situaciones políticas dejan muchísimo que desear y no se comparan del todo con la realidad de Guatemala. Si bien es cierto que nuestro Estado de Derecho es muy pobre, pareciera que aquí también existe una brecha de percepciones la cual nos coloca al nivel de países carentes de toda institucionalidad. .

Otra manera de entender el Estado de Derecho es utilizando datos duros. Se trata de un estudio, también elaborado por Cien, el Flujograma de Justicia Criminal. Esta es una herramienta que se actualiza trimestralmente y mide de manera cuantitativa la eficiencia de nuestro sistema de justicia, identificando cuántos casos llegan a una resolución relativo a la generación de casos nuevos. La última medición anual del flujograma indica la eficiencia de la justicia criminal ha mejorado de 13.2 por ciento en 2014, a 42.7 por ciento en 2021. Ciertamente 42.7 por ciento sigue sin ser la tasa de eficiencia a la que aspiramos, pero no podemos dejar de celebrar 30 puntos de mejora en tan solo 7 años.  Por otro lado, vale la pena resaltar que este año 19 criminales de los 100 más buscados han sido capturados, esto gracias a las denuncias ciudadanas recibidas en Crime Stoppers Guatemala. Quizás el uso de datos duros permita cerrar la brecha de percepciones.

Según autoridades del Mingob existen dos causas fundamentales que inciden sobre el incremento reciente en la violencia. El primero es el que los niveles de circulación y actividad ciudadana ya superan los niveles de movilidad pre-pandemia. El segundo es que, a pesar de todas las capturas en la frontera, algunos mareros de El Salvador lograron incursionar al territorio buscando escaparse la iniciativa “anti-maras” del presidente Bukele. Si bien estas razones han provocado ese incremento, los datos siguen siendo inferiores a los de años pre pandemia.

Yo pienso que parte de la brecha de percepciones puede ser atribuida a la pobre comunicación sobre los avances y el hecho que las buenas noticias se ven opacadas por las noticias ”amarillistas”. Hay factores que pesan más en el imaginario de las percepciones de los guatemaltecos, como la corrupción y la impunidad, y eclipsan cualquier tipo de avance. Aunado a esto, cada día se hacen más evidentes las violaciones al debido proceso, particularmente en casos de algo impacto donde se razona que el «fin justifica los medios». Para muchos medios de comunicación el morbo de la violencia y el escándalo del momento venden. Pero eso no aporta a la construcción de país. Todo lo contrario, solo amplía la brecha entre la percepción y la realidad.

Para mejorar, no solo se debe avanzar en los índices, sino también comunicar los avances. Una manera de hacerlo es con estrategias e intervenciones específicas por parte de las entidades que están involucradas en la cadena de seguridad y justicia. La seguridad ciudadana y el Estado de Derecho son variables que nos interesan profundamente como ciudadanos. Estas tienen una incidencia directa en nuestra calidad de vida, tanto presente como futura. Lastimosamente, son variables difíciles de medir con precisión. Quizás la solución es utilizar un conjunto de métricas y parámetros los cuales, al analizarlos como un todo, nos puedan dar una idea, aunque imperfecta, de las tendencias. Lo que no podemos permitir es que las percepciones se nos «escapen» gracias al uso político o las actitudes interesadas y egoístas de los medios de comunicación para inclinar la balanza a conveniencia. Ojalá logremos leer entre líneas, interpretar bien los datos y no minimizar los avances que nuestra nación ha tenido.