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domingo, enero 29, 2023

¿Para qué ser presidente, para servir o servirse del poder?

Mario Mérida. Escritor, comunicador y docente universitario

Son varias las preguntas que deben hacerse quienes asistirán a elegir en las próximas elecciones, con relación al perfil de las personas que este año competirán por la presidencia, diputaciones y alcaldías, más que dejarse llevar por los nuevos nombres de partidos reciclado; no hacerlo es continuar arriesgando su futuro y el de sus hijos al elegir un “gobierno de aventureros”; término citado por Thomas Rid en Desinformación y Guerra Política (2021. P 181), atribuido al coronel Oleg Penkovski, quien calificó al gobierno de Nikita Jruschov así, además de “demagogos y mentirosos”

La mejor referencia, para conocer quiénes son los que pretenden representar las instituciones gubernamentales y municipales, es el conocimiento de su perfil y su discurso político, que obliga a proponer un concepto de perfil profesional aceptable para la mayoría; porque este describe las competencias -conocimientos-, las actitudes y cualidades personales.

Además, deben ser conocidos los resultados obtenidos en la práctica de las competencias reconocidas, capaces de motivar a su elección. A propósito hay un refrán bastante conocido, de autor desconocido, que expresa, “El primer acto de corrupción de un funcionario o empleado público, es carecer de las competencias profesionales para desempeñarlo” y, agrego, el tiempo disponible para servir a la ciudadanía -no hay vacaciones, fines de semana, asuetos o feriados- No es importante conocer si fue abanderado en la preprimaria, usualmente útil para calificar a empleo público.

También es prudente leer la Ley Electoral y de Partidos Políticos (Decreto 1-85) y sus reformas o parches, para conocer las generalidades del proceso electoral, en el que el ciudadano es el protagonista, que necesita, como lo dice el TSE de una herramienta básica para toda la ciudadanía”,  ya que si los guatemaltecos empadronados no asistieran a votar no habría proceso y tampoco democracia.

Asimismo, es importante conocer el espíritu de la ley del TSE, particularmente el 3er. Considerando, que literalmente dice: “Que la evolución de las ideas políticas, reclama un tratamiento legal, acorde con el desarrollo actual, circunstancia que debe ser atendida y regulada por toda ley electoral y de partidos políticos”. Resalto ideas políticas, por la importancia que tienen en la concepción del discurso político e inferir de este, si lo que pretende el candidato es servir o simplemente servirse del poder, ambos términos sujetos a diferentes interpretaciones.

Las ideas políticas deberían estar contenidas en el discurso del candidato, al que generalmente no se le pone atención, ni siquiera en cuanto a la valoración de las promesas de campaña, que van desde prometer la asistencia de la selección nacional de futbol al próximo mundial de futbol, erradicar la pobreza hasta ofrecimientos similares a los hechos por el ahora presidente de Brasil Ignacio Lula da Silva, ofreciendo:  “…volver para recuperar el prestigio de Brasil y que el pueblo coma tres veces al día -210, 385 000 habs.”. Además de prometer un régimen de austeridad y de hacer que los ricos paguen más impuestos útiles, para financiar nuevos ministerios, como el de “La promoción de la Igualdad Racial” o la refundación del “Ministerio de Cultura” y otros[1] que surjan para paliar las necesidades existentes en el país más grande de Latinoamérica.

¿Qué debemos entender como discurso político? Desde una concepción general sin acudir a acuciosos estudios académicos, es: “Un mensaje cuyo contenido está orientado a informar a los potenciales electores acerca del enfoque de los problemas nacionales, como se resolverán y quienes estarán al frente de las instancias responsables de buscar la solución apropiada, dentro del marco constitucional”. La academia propone varias acepciones del discurso a partir de la teoría metodológica, entre estos Pecheux (1978) y Robin (1973)[2], para quienes es «toda práctica enunciativa considerada en función de sus condiciones sociales de producción, que son fundamentalmente condiciones institucionales, ideológico-culturales e histórico coyunturales».

Giménez (1983*[3]), aporta ciertas características requeridas por el discurso político, entre estas: a) “… no se dirige tanto a convencer al adversario, como supone la retórica tradicional, sino a reconocer, distinguir y confirmar a los partidarios y atraer a los indecisos; b) …define propósitos, medios y antagonistas; manifiesta propiedades performativas, lo que significa que quien lo sustenta no se limita a informar o transmitir una convicción, sino que también produce un acto, expresa públicamente un compromiso y asume una posición; d) “… la enunciación política parece inseparable de la construcción de un adversario[4] ; e) “…. se presenta como un tejido de tesis, argumentos y pruebas destinados a esquematizar y teatralizar, de un modo determinado, el ser y el deber ser políticos ante un público determinado y en vista de una intervención sobre este público. Pero, también es cierto que el discurso político cabalga sobre una ideología en particular concebida por quien elabora el discurso. Lo que nos lleva a recordar lo que debemos comprender por ideología.

Según Eagleton, (1997), citado por Gutiérrez: La ideología responde a “… un conjunto de ideas por las que los hombres proponen, explica y justifican fines y significados de una acción social organizada y específicamente de una acción política, configura el margen de si tal acción se propone preservar, enmendar, desplazar o construir un orden social dado. Que desde la visión de Lizcano, Emmanuel está representado por:  “el sistema de ideas y valores de la clase dominante y el discurso destinado a legitimar y mantener dicho dominio, en particular se impone a sí mismo como discurso de la verdad”

La teoría acerca de ambos temas -discurso e ideología- es tan amplia, como sea la curiosidad del lector de investigar y generar su propio concepto. Sin dudar que un buen redactor de discursos acudirá a disciplinas, como la Psicología, Lingüística, Retórica y Comunicación, para llegar al receptor. Lo descrito sirve para que el receptor -elector- del discurso analice la factibilidad de la propuesta electoral y la probabilidad de que esta se convierta en política pública, cuando el candidato asuma el poder.

Finalizo este artículo con un párrafo del discurso de Václav Havel -primer presidente de la república de Checoslovaquia (1993)[5] “LA REPÚBLICA CON LA QUE YO SUEÑO”: “No permitamos que bajo el noble manto del anhelo de servir a la causa pública, vuelva a florecer el deseo de servirse exclusivamente así mismo”  y concluye: “La política y el prestigio, futuros de nuestro Estado dependerán de las personas que propongamos y posteriormente elijamos para nuestros órganos representativos”.

Personalmente, espero que la generación que llegó a la mayoría de edad en los años 80s, que fueron testigos de los grandes sucesos de este periodo, el invento del primer computador personal, los intentos de asesinato de Ronald Regan y del Papa Juan Pablo II, el viaje al espacio de Sally Ride, el asesinato de Indira Gandhi, el desastre de Chernóbil, el inicio de la paz en nuestro país y la caída del muro de Berlín, baluarte del fin de la Guerra Fría, por citar algunos. Tomen la estafeta, para revertir la herencia que nuestra generación (1950) no logró superar.


[1] El número de ministerios aumentará sustancialmente frente a los 23 creados por Jair Bolsonaro, a quien Lula derrotó en las elecciones. Este -Lula- sumara 14 más a los ya existentes. https://elcomercio.pe/mundo/latinoamerica/lula-presidente-de-brasil-quienes-son-los-37-ministros-de-lula-da-silva-once-mujeres-acento-social-y-diversidad-jair-bolsonaro-noticia/

[2] Silvia Gutiérrez. DISCURSO POLITICO Y ARGUMENTACION * http://web.uchile.cl/facultades/filosofia/Editorial/libros/discurso_cambio/72Gutie.pdf

[3] Ídem

[4] Esta característica ha sido trabajada ampliamente por Verón (1987). Para él, la cuestión del adversario significa que todo acto de enunciación política supone necesariamente que existen otros actos de enunciación reales o posibles, opuestos al propio. En cierto modo, todo acto de enunciación política a la vez es una réplica y supone (o anticipa) una réplica (*)

[5] Tusell Javier. (1990) p. 34. Václav Havel. Discursos políticos

 

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