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viernes, enero 21, 2022

Nahualá, el déjà vu del conflicto armado

Julio Abdel Aziz Valdez

En octubre del 2012, luego de un bloqueo de carretera donde se produjeron amenazas contra conductores, destrucción, pillaje por parte de comunitarios incitados por la organización comunitaria de corte etnicista los 48 Cantones. Además de agresiones a un grupo de soldados que fueron enviados para desalojarlos, se produjo la muerte de 6 de esos manifestantes luego de que todo saliera de control por parte de la unidad del ejército, quienes dispararon al sentirse amenazados. Cabe mencionar que este hecho recalcó la pésima planificación y ejecución de casos disolución de manifestaciones por parte del Estado y la incitación junto con la extorsión realizada desde la organización convocante hacia los propios vecinos del Totonicapan.

En los medios de comunicación e incluso el afamado teórico de las “masacres” el Sacerdote Ricardo Falla no dudó en calificar este como una masacre y, más aún, la pre disposición cimentada durante los años del conflicto armado a asesinar a indígenas por el hecho de serlo, “el racismo perverso e intrínseco en el orden cultural ladino”.

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Luego de ello se produjo la detención de los perpetradores y fueron puestos a disposición de los tribunales incluyendo a un Coronel, esto no basto para acallar las voces de siempre que exigen el fin del sistema, hasta hubo performances de la Premio Nobel de la Paz y demostraciones públicas de parte de organizaciones sociales vinculadas a la izquierda, como siempre, no hubo persecución legal contra los organizadores y la razón lógica es que estos pasaron a ser envestidos con el aura de víctima y fueron automáticamente exculpados.

¿Porque esta introducción tan larga? Pues bien, hace tan solo unos días se produjo en la misma área otro incidente o, mejor dicho, otra más en una serie que lleva luego de años de una conflictividad no resuelta y que constantemente ha cobrado la vida de comunitarios tanto de Nahualá como de Sta Catarina Ixtlahuacán.

Dos hechos sobresalen en las ultima semanas, la masacre de 12 personas de varias aldeas de Sta Catarina, que incluyen mujeres y niños, hecho producido por personas vinculadas al conflicto y que están armados como si se tratase de una guerra, y luego la muerte de un subinspector de la policía en una emboscada que también provoco heridas graves a más de cinco elementos que cumplían con su labor en el área.

Lo escandaloso de este último hecho es que a estas áreas los elementos de seguridad se han apersonado sin armas durante los disturbios y, luego ha habido patrullas donde se ha dado la orden de no devolver el fuego, y aunque suene terrible, parte de esta contradicción está en la lectura de los hechos acontecidos del año 2012 que mencionamos antes.

Tanto la oficialidad del ejercito como de la policía han llegado a la conclusión que prefieren huir o incluso morir antes de verse acusados por organizaciones de derechos humanos, PDH y MP que mostraron no tener piedad ante las circunstancias atenuantes que se produjeron en la cumbre de Alaska y, creo que no se les puede juzgar por ello.

Si vemos esto desde la retrospectiva histórica veremos que un grupo de gente armada dentro de la comunidad que agrede, amenaza y asesina a otros comunitarios y, al mismo tiempo los usa de escudos humanos para agredir e incluso matar a miembros de las fuerzas del orden, no se necesita ser muy acucioso para darse cuenta que los primeros afectados en esta situación son los mismos comunitarios que han sido secuestrados por gente armada, estos por su parte poseen motivaciones que van desde la venganza personal, los negocios que puedan tener incluso con el mismo narcotráfico, defensa de la propiedad privada de la tierra hasta las ideológico-políticas, todas ellas deshumanizan al que consideran ahora como él enemigo.

La intelectualidad presta en denunciar “la primera masacre del ejercito tras la firma de la paz” (Falla https://www.plazapublica.com.gt/content/toto-41012-primera-masacre-del-ejercito-tras-la-firma-de-la-paz) no dijo nada cuando murieron los 12 comunitarios en manos de otros comunitarios convertidos ahora en asesinos, es más, el fundamentalismo etnicista está ahora tan arraigado que personas como Irma Alicia Velasquez Nimatuj, Lucia Ixchiu, Thelma Cabrera, y Sandra Xinico entre otros, que en su bajeza no solo han justificado las acciones violentas contra la policía sino que utilizan las vidas de los comunitarios como discurso para posicionar el Estado Plurinacional o Dictadura del Proletariado 2.0 versión étnica.

En que consiste el déjà vu que vemos ahora, pues bien, grupos armados en campo, voceros y apologéticos en la comodidad de sus viviendas cobrando por denunciar injusticias que no viven, muertos de primera y segunda importancia, es obvio que los fallecidos en el 2012 tienen más importancia que los del 2021, con todo y que eran indígenas pero los primeros eran de la “resistencia anticolonial” y los segundos, bueno, bajas provocadas por los desmanes de Justo Rufino Barrios, así de tendenciosos son, el fanatismo es tal que no existe la más mínima intención de reconocer que parte de esta conflictividad, además de la incapacidad del Estado, reside en la etnocentrismo que han mostrado los comunitarios, la prevalencia de la agricultura de subsistencia y por supuesto el crimen organizado que ha facilitado armas y pertrechos, pero estos al parecer son invisibles para la corrección política.

 

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