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lunes, marzo 1, 2021

“Nadie es como uno se lo imagina”

“Nadie es como uno se lo imagina”, ¿cómo así?  o sea que cuando miramos a alguien o algo en realidad no es como uno piensa o siente que es.

En la vida aprendemos a desarrollarnos en sociedad a través de un juego de realidades y apariencias determinado por el nivel de confianza que tenemos de mostrarnos como realmente somos dependiendo del espacio en el que nos desenvolvemos.


Aprender esto solo se logra a través de ensayo y error.  Esto va determinando cómo es que una persona debe comportarse dependiendo de las expectativas que se tengan respecto de lo que se puede lograr en un determinado espacio y lo que se espera de la persona por parte de sus semejantes.


Entonces, cuando tenemos a una persona enfrente y nos relacionamos con ella ¿es verdad o ficción? Cuántas veces nos ha pasado que tenemos una primera impresión muy positiva de una persona y en la medida en que la vamos conociendo nos desilusionamos porque no es lo que esperábamos.

A mí me ha pasado muchas veces.  Es normal que una persona trate de mostrar su mejor lado, sus mejores cualidades y de resaltar sus mejores atributos; el problema comienza cuando estas características no coinciden con su esencia y se produce un choque emocional por la incongruencia de las expectativas con la realidad experimentada.

Lo mismo sucede en el ámbito corporativo.  Muchas empresas se preocupan de su fachada, del empaquetado del producto o servicio y cuando el cliente o usuario lo prueba no existe un rechazo inmediato pues evalúa medianamente la calidad y los resultados, colocando inmediatamente a la empresa a prueba para determinar si en futuras ocasiones puede llegar a aprobar a la empresa o marca.

La frase que hoy constituye el título de esta pieza, “nadie es como uno se lo imagina”, la escuché en una serie de televisión mexicana en donde la protagonista la utilizaba para sentenciar que a la persona con la cual se estaba entretejiendo la trama de ese momento debía dársele más oportunidades y no enjuiciarla a priori, “darle otra oportunidad” para así determinar en el mediano plazo cómo es la persona en realidad y entonces sí proceder a aplicar una determinada conducta por parte de la protagonista.

Si bien la imagen pública trata de manejar estratégicamente el impacto de los estímulos verbales y no verbales cuando conocemos a un personaje, empresa o marca, el proceso de la construcción de credibilidad y confianza es eso, un proceso, al cual entidades, líderes, empresarios, personajes públicos y marcas no están dispuestos a darle seguimiento porque creen que requiere mucho dinero y muestra pocos resultados.

Y no es así.

Les aseguro que una empresa nueva o posicionada piensa en el lanzamiento del producto, el plan de mercadeo, la publicidad, etc. y cuando el producto o servicio ya ha impactado a determinada audiencia a la que pudo capturar y quiere incrementar su mercado contempla las mejoras que puede hacerle a su estrategia de ventas y no a su estrategia de estimulación, a su estrategia de imagen pública corporativa, lo cual es un error en el siglo XXI.

¿Cuánto tiempo más les llevará a los sectores industriales, agrícolas, comerciales y financieros de los países latinoamericanos darse cuenta de que la apuesta institucional no está en mejorar su marketing o publicidad, sino en considerar seriamente la implementación de un plan maestro de imagen pública que estimule emocionalmente a las audiencias?

En mi opinión profesional, si las audiencias son cada vez más rápidamente cambiantes, ¿por qué las empresas y líderes no adoptan ese ritmo?

A diario me encuentro con comercios, restaurantes, vendedores en general que no saben cómo abordar al cliente, no saben cómo administrar la insatisfacción de la audiencia, vendedores que ni conocen su imagen vendedora, empresas que no tienen definida su identidad corporativa, etc.

Les aseguro que cuando hacen el cierre de caja el sentimiento institucional que queda es que lo hecho durante el día fue lo que se pudo vender y que ya vendrán días mejores.  Este comportamiento errático de las ventas lo resuelve la imagen pública.

Así, la imagen pública genera las estrategias para que la empresa o personaje sea como el cliente se lo imagina…sostenido en el tiempo.

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