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lunes, julio 26, 2021

Más remesas o exportaciones sobre el PIB

 Juan Carlos Zapata

Cada vez es más constante la preocupación de que la economía guatemalteca dependa tanto de las remesas. A esto hay que sumarle que las exportaciones representan menos porcentaje respecto del PIB. No creo que esto vaya a parar en el corto plazo, debido a las propias condiciones estructurales de crecimiento de los Estados Unidos, sus políticas de inversión para generar empleos y las pocas condiciones de países como Guatemala en temas laborales, de inversión y de capital humano.

Si bien las remesas no forman parte del cálculo del PIB per se, sí son un componente esencial en el consumo de miles de familias guatemaltecas e incluso, según estimaciones de algunos expertos, también lo están siendo para la inversión, especialmente en temas relacionados a vivienda, aunque algunos componentes contablemente estén todavía en consumo, dado que es probable que sea para vivienda informal.

Lo cierto, con base en datos, es que en líneas generales lo que estamos viendo es que el porcentaje de remesas respecto del PIB ha venido aumentando de manera sostenida desde 2001, de 3.44% a 14.7% sobre el PIB en el año 2020, y se estima que el 2021 va a cerrar cercano al 16%. Mientras tanto, el porcentaje de exportaciones respecto del PIB de bienes y servicios ha caído desde 2001 de 28.6% a 16.9% en el 2020.

Antes de sacar conclusiones infundadas, veamos que el porcentaje de exportaciones sobre el PIB de otros países como Colombia es de 13.68%; El Salvador, 25.53%; Costa Rica, 30.95%; Chile, 31.5%; o México, 40.09% del PIB. Lo cual demuestra que, con las condiciones adecuadas de fomento a las exportaciones y una agenda clara de competitividad, el país puede salir adelante y mejorar su capacidad exportadora, para mejorar las condiciones de vida de más familias y que con ello se puede elevar la producción total del país y mejorar la economía guatemalteca.

Las remesas, sin duda alguna, están creando beneficios a la economía, pero también en el mediano plazo generan secuelas sociales difíciles de sostener. Cuando una persona migra, por lo general deja niños que van a vivir sin una de sus figuras (paternas o maternas), con los efectos emocionales y sociales que esto puede dejar en una familia.

Reconozco que soy una persona que cree que la familia es la base fundamental de la sociedad para el desarrollo sostenible, la garantía de derechos y la erradicación de la pobreza. Considero que el crecimiento de las exportaciones es un beneficio clave para miles de familias, que podrían estar viviendo con más y mejores ingresos si las condiciones para exportar en Guatemala fueran más sencillas, pero estamos fallando.

¿Por qué lo digo? No estamos haciéndole fácil al emprendedor su capacidad para exportar. Tenemos que facilitar trámites, agilizar y tecnificar procesos de pago, mejorar la movilidad y promover a Guatemala como un jugador de clase mundial para que esto ocurra.

La competitividad del país es crítica y con ello viene una agenda clara de reformas legales que se requieren para cambiar los modelos sobre los cuales se invierte en infraestructura productiva en el país, por ejemplo.

Hay algunos casos paradigmáticos, se promueven políticamente las APP y en la práctica el contrato de la carretera Escuintla a Puerto Quetzal duerme el sueño de los justos. Hay una clara necesidad de invertir más en infraestructura vial y la ley que aceleraría la construcción y mantenimiento de carreteras sigue estando engavetada. Esas son algunas de las contradicciones que debemos afrontar, si realmente queremos pasar a que nuestra economía dependa más de las exportaciones y menos de las remesas.

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