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miércoles, enero 20, 2021

Mas Estado, la razón de las manifestaciones del 2020

Julio Abdel Aziz Valdez

Las ultimas semanas del año 2020, en medio de la ambigüedad de la nueva normalidad y del gran movimiento comercial que significan las ventas de fin de año, la opinión pública nuevamente fue convocada por medio de las mismas voces y los mismos personajes de la izquierda nihilista para que la población se pronunciase por la aprobación de un presupuesto general de la nación, por parte del Congreso de la República, que había recortado drásticamente programas que combaten la desnutrición en Guatemala, un tema recurrente que es utilizado por los medios para señalar las incapacidad del gobernante de turno desde el gobierno de la Democracia Cristiana Guatemalteca en 1986.

Finalmente, después de los destrozos en el Congreso de la República, en varias estaciones del Transmetro y de la quema de un bus del transporte público se decidió aumentar dicho presupuesto bajo el argumento que ello acabaría con el descontento de la ruidosa sociedad civil, minúscula por cierto y de los desnutridos dejo de hablarse.

Salta a la vista que la discusión de dinero y endeudamiento, muy lejana del entendimiento público y que fue animada por organizaciones, políticos y académicos que se dedican constantemente a socavar las bases de la institucionalidad, no era la motivación primaria para salir a la calle y soportar los gases lacrimógenos una vez que la violencia se hacia presente, más bien hubo varios animadores profesionales que aprovechaban el momento para sus propias demandas sectarias tuvieran un micrófono abierto, tal es el caso de los que exigían una nueva constitución de una plurinacionalidad ininteligible, y sobre todo la renuncia del presidente de turno, lo que nunca falta como discurso en la izquierda marginal en Guatemala, pero aun más subrepticiamente estaba la sorda disputa entre el vicepresidente y presidente con relación a la cuota de poder que el mandatario le ha dado a su compañero de vida, con el eterno juego de ensanchamiento del aparato burocrático innecesario.

Pero regresando al presupuesto hay que tener claro que: a mas dinero manejado por el Estado más grande y omnipresente se convierte, más plazas para trabajos cada vez menos importantes, excepto eso si para los rubros de salud y seguridad, no incluiremos educación en tanto que no hay dinero peor invertido que en una institución secuestrada por poderes sindicales que les importa poco o nada la calidad de la educación y que no ha demostrado eficacia en la resolución de la llamada pobreza estructural que es la que constantemente señalada por las voces autorizadas de la corrección política.

Hemos regresado a la ilusión óptica de que la solución de nuestro problema de pobreza  se resuelve con más Estado, y que este es el garante de una mayor igualdad, otra vez el mismo razonamiento binario tendencioso que sale de las mentes brillantes de los economistas políticos de ICEFI.

La desnutrición imperante no es un problema de falta de igualdad, es más sería discutible asociarlo enteramente a la pobreza en tanto que no se analiza la racionalización del gasto familiar que permite la recurrencia de los cuadros de desnutrición crónica. Aun así, se han invertido millones de millones de dólares desde 1986 por parte de ese mismo Estado hasta la actualidad y tal situación persiste, por lo que fácilmente podemos inferir que el problema no lo puede resolver el tamaño del Estado sino en la persistencia de las condiciones que permiten que tal problemática persista, y bueno todo lleva a la inexistencia de medios de vida en las comunidades afectadas y obviamente eso no se resuelve regalando dinero o alimentos que es lo que la izquierda empobrecedora exige a gritos, y para ello recurre a la emotividad, que finalmente se activa en la mente de los manifestantes manipulados.

Erigir un Estado fuerte ha sido la apuesta de la manipulación de izquierda detrás de los destrozos, un Estado que se inmiscuya en todo, elevar la deuda pública, y apretar al sector productivo es casi el credo por el cual la eterna disidencia marginal es capaz de llamar incluso a la sedición.

La paradoja es tan simple que resulta hasta ridícula, el exigir más Estado por un lado y el fin de la corrupción por el otro, cuando el Estado mismo es la definición misma de la ineficiencia que finalmente se alimenta de la corrupción desde el inicio de los tiempos. 

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