Líderes escolares fortalecidos

Estos dos últimos años hemos enfrentado una crisis educativa como ninguna. Esta ha puesto al desnudo las grandes carencias y retos de nuestro sistema educativo. Ajustar el tradicional y deficiente esquema de enseñanza durante la pandemia obligó a directores y docentes a asumir un verdadero rol de liderazgo y a innovar. ¿Lo han logrado?

Salvador Paiz

El grupo de trabajo “Líderes Escolares Fortalecidos”, en el marco del Programa Regional “Liderazgo para el cambio” de USAID, Teach for All y el Diálogo Interamericano, llevó a cabo una investigación en diferentes países de la región para consensuar las competencias de liderazgo de los docentes y directores en el marco de la pandemia. Es evidente que el rol de todos ellos ha cambiado. La pandemia ha obligado a docentes y directores a transformar la pedagogía tradicional en sus centros educativos, para lograr la continuidad del aprendizaje de los niños y jóvenes. El fortalecimiento de sus competencias de liderazgo es fundamental en esta transformación.

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A través de esta investigación, el grupo de trabajo de “Líderes Escolares Fortalecidos” identificó cinco áreas para promover un liderazgo efectivo en las personas clave de las comunidades educativas (docentes y directores). Estas cinco áreas son: (i) autonomía escolar para la toma de decisiones, (ii) flexibilización curricular y evaluación en el aula, (iii) formación y fortalecimiento de las competencias digitales, (iv) liderazgo compartido y (v) bienestar socioemocional. Indaguemos en estos puntos.

Primero, a nivel administrativo, los dirigentes escolares tienen una carga muy grande. Los directores tienen que ser capaces de enfrentar retos administrativos que les exigen tomar decisiones determinantes para su escuela. Es de suma importancia que tengan conocimiento del contexto de su comunidad para poder anticiparse a los retos y no perder el rumbo. En ese sentido, el primer paso para enfrentar el impacto de la pandemia debe ser tener una autonomía escolar, en donde prevalezca la confianza y la capacidad de coordinación entre autoridades y centros educativos.

Seguidamente, se debe contar con procesos de evaluación del rendimiento de los estudiantes. Como siempre he dicho, lo que no se mide, no se mejora. Diagnosticar el aprendizaje de los estudiantes, nos permitirá conocer en qué áreas debemos mejorar. Esto implica priorizar y buscar maneras de flexibilizar el currículum, así como las prácticas docentes en el aula, que no siempre es posible debido a la rigidez del sistema.

El tercer punto es la formación y fortalecimiento de competencias digitales. Lamentablemente, no todos los centros educativos tuvieron la misma respuesta ante la educación a distancia y/o híbrida, ya sea por la falta de recursos o falta de conocimiento. Por tanto, es crítico formar y fortalecer las competencias digitales en docentes. Ellos deben ser capaces de utilizar herramientas tecnológicas para poder enriquecer sus procesos de enseñanza.

El cuarto punto trata sobre el liderazgo horizontal. Como su nombre lo indica, este es un liderazgo que “abre nuevos horizontes”. Es decir, en donde se alejan de un esquema “autoritario”, y hay una mayor integración y comunicación de los equipos: todos están a un mismo nivel. La pandemia exigió un ajuste en los roles y funciones de los miembros de la comunidad educativa. En las escuelas el liderazgo de los miembros del equipo es vital para cumplir con el objetivo final: que los niños sigan aprendiendo.

Finalmente, el bienestar emocional. Ciertamente la pandemia supuso una carga emocional muy fuerte para todos en la comunidad educativa. Según el estudio realizado por esta mesa de trabajo, el 36 por ciento de los directores y el 38 por ciento de los docentes encuestados, manifestaron que les hubiese gustado recibir apoyo para brindar una mejor atención socioemocional a sus estudiantes. En muchos casos, para algunos niños y jóvenes, la escuela se convierte en un “segundo hogar”, un lugar que determina su bienestar socioemocional. El encontrar maneras de fortalecer vínculos, para garantizar el bienestar socioemocional de los estudiantes, es un reto que deben asumir los docentes y directores.

Ciertamente la pandemia nos ha dado una oportunidad para generar los cambios de raíz que nuestro sistema educativo exigía. El reto será sostener en el tiempo los cambios ya alcanzados mientras seguimos innovando para cerrar las brechas persistentes. Por eso mismo, debemos preservar lo que hemos ganado y construir un nuevo futuro a partir de los aprendizajes que esta experiencia ha dejado. Pero para que esto suceda, necesitamos promover un liderazgo efectivo en las comunidades educativas, especialmente en estas cinco áreas. ¿Cómo logramos que nuestros educadores, tanto docentes como directores, asuman un liderazgo positivo que les permita seguir ejecutando estos cambios? En mi columna de la próxima semana escribiré sobre las recomendaciones que hizo la mesa de trabajo de esta iniciativa así como mi interpretación para “chapinizarlas”.