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martes, noviembre 30, 2021

La sacralización del 20 de octubre de nuevo

Julio Abdel Aziz Valdez

Como si el 1 de mayo y el 12 de octubre fuera poco para mostrar la visión acomodada de la izquierda sobre la historia, en Guatemala tenemos el 20 de octubre la fecha que conmemora el movimiento cívico militar que luego se transformó en un golpe de Estado en contra del coronel Ponce Vaides que fue el designado por el General Jorge Ubico para sustituirlo una vez el renunció.

Este hecho posee diversas interpretaciones históricas motivo de un hipotético debate que jamás se ha producido, pero sin menospreciar las perspectivas que se posean creo yo que nadie en su sano juicio niegue que Ubico era un dictador, en todo caso sus luces y sombras serían las que podrían dar pie a ese inexistente debate.

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Sin embargo, para la izquierda fue mucho más simple hacerse de una versión planteada como el inicio de la gran rabia, del levantamiento, la resistencia y lucha por una Guatemala mejor, y claro esto finaliza con el derrocamiento, con otro golpe militar del coronel Jacobo Árbenz Guzmán.

No pretendo profundizar en esos hechos como tal, que seguro abundaran en estos días y que, por supuesto la intelectualidad orgánica asume como verdaderos, sino en la forma como finalmente esto se convierte en la versión del “sí se puede”, pero “los gringos nos lo impidieron”, versión repetida el 12 pero con los españoles, “éramos una gran nación viviendo en el Valhala tropical hasta que vinieron los antes mencionados”.

La versión del “si se puede” tiene que ver con la idealización del levantamiento popular y de la participación de la opción militar para justificar que los cambios deben imponerse, y claro, la guerrilla en 1962 tanto la que surge del Partido Guatemalteco del Trabajo (comunistas) como de los golpistas (porque eso eran) militares ya habían refrendado el método y claro, hacían planes mentales que en cualquier momento los militares iban a tomar conciencia y se les unirían en un golpe de Estado y es que estaban conscientes de que ellos como fuerza militar no llegaban ni a la calidad de ser una banda delincuencial como muchas que hoy en día existen ligadas al narcotráfico.

Por otro lado, y resulta paradójico es que se venere lo que produjo el 20 de octubre que no fue para nada un Estado que se conociera como socialista, vaya, a lo mejor con un sentido más amplio de Estado de bienestar, pero es que hay que tomar en cuenta el contexto de fin de la segunda Guerra Mundial, pero de eso se agarra la izquierda para asumir que aquellos eran socialistas ni aun cuando el presidente Arévalo lo afirmara, pero “espiritualmente” (o sea de mentiritas)

Paradójicamente fueron los gobiernos de corte militar los que instituyeron el 20 de octubre como feriado oficial, como reconocimiento a la gesta, nada tiene que ver con una demanda  popular ni de sindicatos, estudiantes y menos de intelectuales, por otro lado gran parte de los llamados logros de la revolución se mantuvieron y es porque estos representaban el impulso a un Estado moderno al cual apoyaron esos gobiernos señalados de elitistas, criollos y demás, esto siempre fue la paradoja de la izquierda legal y la clandestina que finalmente termino de cooptar a la primera, que era poco lo que podían proponer que no fuera esa panacea de la Reforma Agraria confiscatoria que si se vino al traste, y claro después de la derrota militar de la guerrilla y su victoria diplomática devinieron las demandas post modernas ligadas al enfermizo etnicismo mostrado incluso en el vandalismo del 12 de octubre del 2021 que además tuvo como culmen la captura de un hombre que afirma no hablar español, así o más tendenciosa se ha convertido la izquierda sedienta de mártires para su causa y entre más “ancestrales y puros racialmente” mejor.

Pero no se crean, no todo florece en el paraíso discursivo, para la izquierda es incomodo reconocer que fueron militares los que dieron al traste con el gobierno de Ponce Vaides, y que fue un militar el que llevó a cabo, al menos en forma demagógica, los cambios revolucionarios, paradójicamente la guerrilla y sus huestes de intelectuales no pueden explicar porque la unidad de los revolucionarios nunca aceptaron denominarse con el nombre de su mártir militar como si lo hicieron los salvadoreños y nicaragüenses, creo que en el fondo sabían que la narrativa histórica solo sirve para movilizar a rabiosos activistas, para despertar las emociones, pero que al final son solo eso patrañas.

 

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