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domingo, enero 29, 2023

La renuncia del Juez Gálvez, el epitafio a la CICIG

Julio Abdel Aziz Valdez

Detrás de la lectura política de la decisión del ahora licenciado Gálvez, existen esas dos lógicas por un lado es obvio que quienes financiaron el experimento de cooptación del sistema judicial ahora están rescatando a sus trabajadores. Y en mejores condiciones que antes, pero por otro lado no hay que descartar que como bien decimos en Guatemala, “se oyen pasos de animal grande” esto en relación al encauzamiento legal que el licenciado está enfrentando y de las posibilidades reales de que esto derive en un encarcelamiento. Visto así, es mejor darse a la fuga que enfrentar las consecuencias de sus actos, contradictorio para quien trabajo por decenas de años en aplicar la ley.

¿Cuántas órdenes de captura no llevaron su firma? ¿Cuántos de esos requeridos por la justicia se dieron a la fuga y el estalló en colera al saber que la justicia había fallado?

Existe una acusación de manejo político de la justicia, pero obviamente eso no es cierto, hubo violación al debido proceso, manipulación de testigos, denegación de justicia, abuso de la cárcel provisional entre muchas otras, esa forma tendenciosa de aplicar la ley no era producto de su gran compromiso con la justicia, sino de la aplicación de una visión sesgada de la misma, fueron respuestas al gusto de un grupo selecto de periodistas y políticos que asumen que son la voz de los sin voz.

Regresemos ahora a la gran paradoja, un operador de justicia que cree estar por encima de la justicia a la que supuestamente servía, luego de que al aplicársele la menosprecia. La CICIG a lo largo de su existencia logró desarrollar una política, atacar a los jueces y abogados que consideraban el enemigo y para enfrentarlos se hicieron de una red de jueces, fiscales, periodistas, activistas y políticos locales, el punto de partida era que la aplicación de la justicia requería de personas, vaya, si el tema eran esos aparatos clandestinos se necesitaban mas que funcionarios extranjeros para enfrentarlos. A esos aliados se les ofreció tres cosas, a saber: 1. Impunidad o sea lo que hicieran en nombre de la lucha contra la corrupción no tendría consecuencias jurídicas, 2. Dinero, a todos ellos se les pagó en efectivo, la sola conciencia social no paga el elevado nivel de vida que dichos jueces, fiscales y sobre todo periodistas tenían o pretendían tener, y 3. Fama, esta aun cuando sea desvalorada por muchos se tradujo en reconocimientos internacionales, espacios para hablar a públicos globales, las puertas abiertas al mundo occidental, esto también se traducía en una lujosa puerta trasera que los conduce a vivir un cómodo exilio.

Por si fuera poco, el Gobierno de Estados Unidos de América, que además de acoger a los fugados del sistema de justicia permite que su país sea utilizado como plataforma de sedición, a través de conferencias de prensa, arengas, acusaciones y hasta shows, como que la memoria de 1954 es bastante selectiva entre quienes siguen repitiendo que se ha capturado el sistema o que afirman, sin el menor pudor, que estamos en una dictadura solo para justificar mas y mas intervención extranjera, imploran por un ejercito de la liberación en versión 2.1

¿Cuánto tiempo nos llevará superar los impactos del experimento CICIG? Y no me refiero al error de pensar que antes estábamos mejor como para regresar a ello, sino como restablecer el principio de imperio de la ley, presunción de inocencia y sobre todo de no litigar mediáticamente.

La renuncia del Juez solo demostró que, aplicando la ley, la misma que ellos juraron defender, era posible desestructurar el andamiaje de corrupción y cooptación de la justicia en manos de quienes no tienen empacho, ahora, para mostrar sus simpatías renovadas al globalismo totalitario.

 

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