Por Julio AbdelAziz Valdez
Antes de iniciar este artículo voy a reconocer los aportes del Dr. Carlos Sabino, el Dr. David Stoll y del Licenciado Adolfo Molina Sierra, quienes a través de su obra han aclarado las implicaciones de aquel evento que pude observar como niño desde la pantalla de un televisor, y como profesional me ayudaron a entender.
Cuarenta y un años han pasado desde aquel trágico 30 de enero de 1980 cuando mueren calcinados en la Embajada de España 37 personas, interesante el hecho de que al escribir este artículo he recurrido a Wikipedia para no cometer errores en consignar fechas y número de víctimas y me ha llamado la atención que el título de la nota dice Matanza y luego afirma que aquel hecho fue producto de la acción del Estado usando fósforo blanco, varias afirmaciones tendenciosas que se han convertido en la narrativa oficial de aquel hecho.
No se puede menospreciar la efectividad de la narrativa impuesta por los informes de Recuperación de la Memoria Histórica REMHI, de la oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala y de la Comisión de Esclarecimiento de la Historia CEH, producto de los vigilados y casi impuestos acuerdos de paz entre la guerrilla, casi desaparecida, y del debilitado Estado de Guatemala, que en principio logró casi desvanecer la responsabilidad de la guerrilla sobre el conflicto armado. Es más, casi el concepto mismo de conflicto se desvanece y es sustituido por el de genocidio donde solo había víctimas y victimarios, estos últimos eran todos agentes del Estado.
Regresando a ese 31 de enero, un grupo de activistas campesinos indígenas junto con milicianos que operaban en la Universidad de San Carlos bajo el manto de estudiantes, esto es muy importante recalcar a la hora de formular un perfil más cercano a la realidad, el Ejército Guerrillero de los Pobres o EGP se encontraba en medio de un proceso de crecimiento cuantitativo y cualitativo de sus fuerzas políticas y militares, por lo que su expansión a la universidad estatal era un paso lógico, esto no fue un invención de ellos, tradicionalmente es en las universidades y en especial las estatales donde él se han producido el germen de organizaciones insurgentes que se alimentan de jóvenes de clases subalternas que se ven atraídos por el discurso romanticista que proporcionan aquellas organizaciones, pero no hay que perder el rumbo, la identidad primaria de aquellas personas que acompañan a los activistas campesinos era la de combatientes no de estudiantes, esta segunda era una especie de fachada, es más, era la propaganda que luego su utilizó para mostrar a un grupo variopinto de “activistas” por los derechos humanos que en realidad habían cometido un secuestro.
Sin Vicente Menchú no hay Rigoberta, sin quema no hay Vicente Menchú
¿Qué hubiera pasado de no haberse producido la quema de la embajada?, pues bien, aquellos ocupantes luego de varios días, semanas tal vez, habrían salido por medio de un salvoconducto de Guatemala y se habrían dirigido a México o en su efecto a Costa Rica, ambos destinos ya habían sido elegidos por muchos antes y siguió usándose después, luego del desgaste político que significaría los carteles en las afueras del edificio, las conferencias de prensa en la calle o por teléfono, los campesinos y estudiantes se habrían convertido en héroes, el gobierno debilitado políticamente probablemente habría sucumbido antes de marzo de 1982 y luego, la guerrilla habría aprovechado esos vacíos de poder o de disputa entre militares y su proyecto de declaración de una zona liberada se concretaría.
Los beneficios a obtener bien merecían el riesgo, además había un plan B, que consistía en que en efecto la policía tomara las instalaciones y capturasen con vida a todos los secuestradores, no habría la posibilidad de que posteriormente se negasen, como lo hicieron otras veces, a que los tenían en su poder y luego convertir a aquellos en héroes encarcelados, situación que igualmente convenía a la guerrilla: varios Mandelas.
La tercera posibilidad y para la cual estaban mentalizados los secuestradores en el momento que deciden llevar consigo bombas molotov y machetes, era la de morir en el intento y en medio de la refriega, matar a algunos. Esto elevaba más aun el perfil de los secuestradores y los martirizaba.
Luego del secuestro colectivo de personal de la embajada y de personas llevadas ahí por el entonces embajador, se comienza a producir un cerco policial pésimamente conducido y sin la menor intención de solucionar aquel entuerto por la vía negociada. Ahora bien, en medio de tanta ineficacia e incompetencia hay razones que no disminuyen la responsabilidad de las fuerzas de seguridad, pero si la contextualizan y como afirmábamos antes, los informes de la “verdad” disminuyeron a propósito. Por ejemplo los elevados índices de violencia política que las organizaciones guerrilleras tenían y demasiado obvio que detrás del “Plan de Subida”, estaba la anterior toma de otras embajadas. Un ejemplo emblemático: la de Estados Unidos en Irán y contradictoriamente un año después, la toma de la embajada de Irán en Londres.
El cambiar el término de ocupantes por el de secuestradores y el de activistas por el de militantes fue parte de una estrategia de comunicación construida antes de aquel 31 de enero de 1980. Es más, el aparato político diplomático con el que contaba la guerrilla estaba atento a cubrir con periodistas los reclamos, denuncias y exigencias de los que ya eran secuestradores blanqueados, el embajador sabía de ese plan y si no fue su idea, al menos estuvo dispuesto a apoyarlo.
La cadena de malas decisiones del Estado cuando decide usurpar las instalaciones de la embajada se convierte en uno de los clavos que se insertan en el defenestrado gobierno del General Fernando Romeo Lucas García haya o no dado la orden, tan estúpida fue aquella decisión y luego la premura en ocultar responsabilidades al no haber una investigación forense creíble y profesional que pudiera al menos destapar el proceder de los secuestradores. La explicación de ello además de la obvia incompetencia era el hecho de que las agresiones insurgentes los habían rebasado totalmente dando pie a la acción criminal, ojo con ello, esto no significa que hayan prendido fuego al despacho del embajador pero igual no fueron lo suficientemente capaces de apagarlo.
¿Acaso existía la intención de morir en el intento por concretar los objetivos políticos del secuestro?
Todo apunta a que sí, o por lo menos en los miembros más radicalizados, los que prepararon las bombas molotov y el que iba armado, esta decisión solo puede venir del fanatismo que les habían inoculado a aquellos jóvenes, no exculpo a los campesinos sobre todo porque todos en ese momento eran adultos, pero finalmente todo apunta a que fue en la ciudad, en el EGP donde se toma la decisión de aquel hecho, y ellos acataron no la sugerencia sino la orden, quiero imaginar que hubo detrás una lectura romántica o idealizada. Estaban seguros que luego de algunos días obtendrían un salvoconducto y saldrían al exilio donde podrían continuar con la lucha, y ocasionalmente retornar como héroes, pero fueron los miembros de la dirección nacional, entre ellos el mismo Gustavo Meoño Brenner, quien pensó en la posibilidad de un martirio, la imagen de Manuel Colom o de Alberto Fuentes Mohr no correspondían al ideal de un revolucionario muerto en batalla, adicionalmente no eran jóvenes en el momento de su asesinato y tampoco eran orgánicos a la versión armada de la izquierda, por su lado Robín García, un estudiante secuestrado y asesinado tres años antes cuyo nombre fue usado por el EGP para nombrar a la organización que reclutó a aquellos jóvenes milicianos. La muerte de Robin García tampoco tenía el heroísmo, el impacto que la mente sociópata de aquellos dirigentes revolucionarios necesitaba.
Campesinos, indígenas, jóvenes, estudiantes, una mujer y un obrero alzando su puño en alto entre los escombros sonaba poético, es más, hubo canciones y poemas al respecto, afiches y hasta una figura se construyó al respecto en torno a los hijos de los muertos, pero una sobresalió de los demás: Rigoberta Menchú, la perfecta.
Para la comandancia del EGP la elección se basó en principio en su etnia, género, edad, versatilidad y sobre todo en su inquebrantable, hasta ese momento, compromiso revolucionario. Era la cara visible del plan C, ella debía cambiar la visión de secuestradores por el de ocupantes y luego en mártires. Para este plan se contactó como agencia de marketing el trabajo de Elizabeth Burgos, para variar antropóloga de profesión y sobre todo militante por convicción.
Las organizaciones de solidaridad en Europa que funcionaban como cuerpo diplomático encubierto de la guerrilla, empezaron a trabajar no más la noticia se divulgó, la estructura del frente internacional, como se le llamaba a las organizaciones que divulgaban noticias manipuladas junto con la recaudación de dinero, presión política o lobby, y hasta el de procurar medios de subsistencia a algunos cuadros que salían de Guatemala por razones de salud o por simple descanso. La quema de la embajada dio pie a una de las más grandes campañas de desprestigio a nivel internacional contra un país cuyo aparato diplomático era endeble, es más, el mismo embajador de España que sobrevive a la quema, luego se convierte en pieza clave de esa campaña divulgativa a favor de la guerrilla.
Decenas de organizaciones humanitarias pronto comenzaron a reaccionar en torno a la pregunta de cómo detener la situación por la que un grupo de personas habían sido “asesinadas” por el gobierno criminal de Guatemala, esta efervescencia que superó por algunos meses lo que se hablaba de la guerra en El Salvador o de los inicios de la contrarrevolución en Nicaragua, hizo de la victimización una marca registrada por los aparatos de propaganda guatemaltecos.
Es más, cuando las campañas contrainsurgentes de 1982 y 1983 finalmente acaban con la posibilidad de una victoria militar para la guerrilla, aquella campaña iniciada en 1980 se magnifica, muchos cuadros se suman a ese frente internacional en forma activa, se fundan ONGs en México, Costa Rica y Estados Unidos como un salto cualitativo de los colectivos de solidaridad, el flujo de dinero se produce como reacción a la narrativa que seguía usando lo acontecido en la Embajada o a Rigoberta Menchú como la imagen de la tragedia indígena, es más, en menos de un par de años los estudiantes y los secuestrados desaparecieron de la ecuación y hoy en día salta a la vista como la nostalgia se aglomera en donde una vez estuvo ese edificio envuelto en llamas para hacer sendos actos seguido de las lastimeras declaraciones que han perpetuado una imagen de propaganda.
Una paradoja de la historia reciente
Paradójicamente, Gustavo Meoño Brener, organizador de la toma, tuvo a su cargo al menos 10 años el Archivo de la Policía Nacional cuyo objetivo era mostrar la constante represiva del Estado contra la población, se invirtieron millones de dólares de la cooperación internacional en tal proyecto y tan solo se produjeron algunos informes de consumo interno, bases para el reclamo de algunos resarcimientos y ya, un proyecto que en su momento se vendió como la versión latinoamericana de los archivos de la STASI de la Alemania comunista y que daría respuesta a toda la narrativa de la enormidad de la represión, incluso en su versión hiperetorcida que planteaba que en Guatemala no ganó la guerrilla porque el Estado había actuado en forma indiscriminada y genocida, forma por demás tendenciosa de ocultar incapacidades estratégicas de su accionar militar


































