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sábado, mayo 21, 2022

¿La excepción o la regla?

Salvador Paiz

En los últimos días, la frontera de nuestro país con El Salvador se ha convertido en un escenario de miedo e incertidumbre. ¿La razón? La huida de mareros desde nuestro país vecino, El Salvador. Familias enteras en aldeas de Jutiapa, han tenido que abandonar sus hogares por intimidaciones de mareros salvadoreños. Detrás de este triste y preocupante escenario, hay mucha tela que cortar.

La semana pasada las maras salvadoreñas dispararon un mensaje al presidente Bukele, a través de 76 muertes en 48 horas. Estos han sido unos de los días más violentos de su historia. Tras esto, el presidente Nayib Bukele, decidió asumir poderes extraordinarios y decretar estado de excepción, con el objetivo de “garantizar la seguridad”. Esto ha ocasionado una huida en masa de mareros y criminales, quienes están buscando “refugio” dentro de nuestro territorio guatemalteco.

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Pero la historia no empezó hace una semana. Para entender el fenómeno reciente debemos analizar sus verdaderos orígenes. El Salvador ha sido uno de los países más violentos de nuestra región desde hace ya varios años. En 2015 su tasa de homicidios llegó a 103 por cada 100,000 habitantes. Años más tarde, en 2019, Bukele fue electo como presidente de la República de El Salvador. Ese año, la tasa de homicidios fue de 35.6 homicidios por cada 100,000 habitantes. Tras un año del gobierno de Bukele, en 2020, la tasa de homicidios disminuyó abruptamente hasta llegar a los 19.5 homicidios por cada 100,000 habitantes.

Esta paz relativa sería un gran logro si fuese genuina. Recordemos que el fin no justifica los medios, y a Nayib Bukuele pareció no importarle qué tenía que hacer con tal de proyectar una paz artificial en El Salvador como logro. Según distintos medios salvadoreños, durante 2020 el gobierno de El Salvador sostuvo negociaciones clandestinas con pandillas de la Mara Salvatrucha y el Barrio 18, con la idea de llegar a acuerdos para reducir la cifra de homicidios. A cambio les concedió ciertos privilegios y mejoras en su vida tras las rejas, incluso se rumora que hasta se negociaron supuestas liberaciones. Estas negociaciones no solo se dieron a puerta cerrada, además, el gobierno salvadoreño aparentemente intentó “esconder las evidencias”.

Todo apunta a que la “paz en las calles” fue comprada. Esta fue producto de una oscura y clandestina negociación que tenía como objetivo mejorar la imagen del mandatario entrante. Todo esto acompañado de mucho marketing al estilo Bukele para capturar todos los réditos posibles a nivel de imagen.

Pareciera que la negociación llegó a su fecha de caducidad, no sabemos si por incumplimiento de alguna de las partes o por exigencias adicionales. Hemos llegado al desenlace predecible, dado lo turbio del proceso y las contrapartes. El “mensaje” de los mareros, llevó a Bukele a responder con su de declaración de estado de excepción. No obstante, los estados de excepción deben ser eso, excepcionales. El «limitar» los derechos fundamentales debe ser una medida altamente excepcional en cualquier nación; y no algo que los presidentes usan a su gusto y antojo porque no les gusta (o no les conviene) alguna estadística (la de homicidios, en este caso).

Pareciera que la regla en nuestros países son estas excepciones, en lugar de que la regla sea seguir las reglas. ¿Por qué no hacer el trabajo difícil de promover el Estado de Derecho? ¿De causar consecuencias certeras ante quienes infringen la ley? Lamentablemente, todo este escenario en donde familias guatemaltecas, totalmente inocentes y desamparadas, están siendo las más afectadas, es consecuencia directa de las “transas” de Bukele con las maras. Lo peor de todo es que ahora pretende verse como el fuerte y duro contra ellas, cuando él mismo negoció para que le ayudaran a mejorar su imagen y crear la falsa ilusión que la seguridad estaba mejorando al inicio de su mandato. Terrible que nuestro país tenga que pagar los platos rotos de sus imprudencias.

De momento, el ejército y las autoridades policiales guatemaltecas han tenido una respuesta activa a todo esto. Además de ayudar a las familias afectadas en la frontera, también ha reforzado sus patrullajes y operativos en toda la nación. El martes pasado, investigadores de la DEIC y el Ministerio Público capturaron en la zona 5 a un jefe de la mara 18 salvadoreña, que se encontraba “escondido”. Es de aplaudir este esfuerzo y entrega extraordinaria de nuestras autoridades. Por nuestra parte, como ciudadanos, podemos tener un rol activo ante esta crisis, denunciando cualquier anomalía, llamando al 1561 o en el sitio tupista.gt, de Crime Stoppers Guatemala. Nuestras denuncias son anónimas y son un elemento fundamental en la lucha contra el crimen. Serán momentos difíciles para nuestro país, pero no bajemos la guardia. Promovamos el que se sigan las reglas, en lugar de caer en las excepciones y los acuerdos oscuros.

 

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