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lunes, septiembre 27, 2021

Jordán Rodas y su equipo de computo para el 2022

Julio Abdel Aziz Valdez

Una visita tradicional al Congreso de la República, director financiero y otros altos cargos de la Procuraduría de Derechos Humanos se acercan a la Comisión de Derechos Humanos a presentar y defender su propuesta de presupuesto para el año fiscal 2022, como es de costumbre se pide más que el año pasado, esto no es nada nuevo en las ya demasiadas instituciones del Estado, el crecimiento del gasto aunado al despilfarro tampoco lo es, este hecho no tendría nada nuevo sino no fuera por algunas situaciones que abordaremos.

De todos los funcionarios públicos, que van y vienen con el gobierno de turno, se pensaba que la Procuraduría de Derechos Humanos debería de tener una visión y misión independiente  lo que permitiera poder encarar a las administraciones más allá de los compromisos políticos inherentes a toda la cosa pública, de hecho de una u otra manera los anteriores procuradores lo han logrado, algunos con más visualización que otros pero al final de su gestión han regresado al anonimato lo que demuestra finalmente su carácter temporal en el poder.

El actual procurador rompió el molde, no solo porque son evidentes sus aspiraciones políticas sino porque ha mostrado su sesgo sin un mínimo de pudor, es tanto así que a la hora de aceptar la “opinión pública” dicho de otra manera, acepta solo los halagos y cierra los oídos a cuestionamientos que le incomodan. La figura del Procurador pasa a ser la de un cuestionador oficial de la acción del Estado y para ello forma parte de la cohorte de funcionarios a disposición de la embajada Norteamericana y otras representaciones europeas que están prestas a financiar cualquier esfuerzo que tenga como objetivo reproducir su versión de civilización, visto de esta manera tampoco hay nada de nuevo, en otros momentos las representaciones diplomáticas han captado “personas de confianza” en todos los gobiernos de su esfera, vaya, sirven como informantes de los movimientos “extraños” de quienes intentan dirigir o influir.

Si nos damos cuenta esta devenir institucional que podría catalogarse de espurio de cara a la historia no es más que la continuidad, sin embargo hubo un detalle en la ultima controversia generada precisamente por su propuesta de presupuesto, la desvergüenza ha sido tal, que en medio de la pandemia, su ambición política no ha despeinado al periodismo independiente, no ha tenido ni una solo señalamiento esos generadores de opinión que se ufanan de ser la voz de la resistencia o de la defensa de la democracia, esto confirmaría no solo el doble rasero sino el marcado sesgo ideológico, pongámoslo en perspectiva por medio de un “¿qué pasaría si?” si este presupuesto con computadoras que en numero excede al numero de trabajadores, y claramente sobre valoradas en medio de un proceso de crisis económica hubiera sido propuesto por un procurador menos ideológico es claro que esa “opinión pública” se hubiera encargado de señalar la pretensión corrupta sin embargo la reacción fue lo contrario, apoyaron la defensa de la compra en los términos que el señor planteaba, “la necesidad de modernizar el equipo de cómputo para dar un mejor servicio”.

Aspectos como la constitución de infraestructura que influya en redes sociales o mejor dicho netcenters, pago de favores a aliados, y sobre todo de despilfarro abierto quedan en un segundo plano. Me pregunto ¿es este el modelo de funcionario que se piensa en un futuro idílico de constitución de un nuevo modelo de Estado? Al menos uno planteado desde las representaciones diplomáticas neocoloniales, al parecer la corrupción es un hecho relativo y no absoluto, si es en función de los propios objetivos políticos correctivos, llamase feministas, abortistas, etnicistas y destructivos de la propiedad privada es válida y alentada, si es para los enemigos es condenada y perseguida.

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