Empleo como meta

Salvador Paiz

Desde hace más de un siglo, en Guatemala y en muchos otros países, el 1 de mayo se conmemoran a los trabajadores del mundo. Entre otras cosas, este día pretende concientizar sobre la importancia del empleo digno, justo, bien remunerado y accesible para todos. Siguiendo el espíritu de dicha conmemoración, me parece importante que nos preguntemos si, en nuestro país, alcanzar la generación de empleo digno puede ser esa meta crucialmente importante. Definir el empleo como meta, automáticamente implica atender otros retos de nuestro país, como la pobreza, la baja la recaudación fiscal, entre otros.

¿Qué es un empleo digno? La Organización Internacional del Trabajo define empleo como “trabajo efectuado a cambio de pago (salario, comisiones, propinas, pagos a destajo o pagos en especie); sin importar la relación de dependencia (asalariado o autoempleado)». Por tanto, un empleo digno es aquel que cumple con estas condiciones y, además, dignifica y permite el desarrollo de las propias capacidades.

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En Guatemala hemos sido incapaces de generar la abrumante cantidad de empleos que se necesitan a la velocidad requerida. Las condiciones sociales de nuestro país hacen evidente que, la gran prioridad que tenemos como nación, debe ser generar más oportunidades de empleo digno. Es decir, oportunidades de empleo formal, respetuoso del fisco (que pague impuestos), con todas las prestaciones de ley y que remunere justamente para poder tener una mejor calidad de vida. La pregunta del millón es ¿cómo lo logramos?

Tenemos que entender que, en estricta esencia, la remuneración de un trabajador se genera en función de su productividad en el empleo. Por supuesto que existen variables exógenas que distorsionan: el salario mínimo, la liquidez del mercado laboral, el marco regulatorio, entre otros temas. Pero, la manera más directa y sostenible de mejorar los niveles salariales, es incrementando la productividad. Y, la realidad es que, la productividad en nuestro país no ha cambiado mucho en los últimos 20 años.

Datos de The Conference Board Total Economy Database, muestran que nuestra productividad se estancó a partir de 1980, con un crecimiento anual de tan solo 0.36 por ciento. Aspiramos a mejoras salariales, pero ¿cómo lo logramos si nuestra productividad como nación no se incrementa? Actualmente, Guatemala es uno de los países menos productivos de Latinoamérica. Para 2022 nuestra productividad alcanzó una categoría de “media-baja”, con US$23,794.28, esto contrasta con la productividad “media” de Costa Rica (US$ 55,621.95) o la “media-alta” de Chile (US$66,827.19).

¿A qué se debe esta baja productividad? Me atrevo a decir que mucho tiene que ver con la calidad de nuestro sistema educativo y la calidad de la formación vocacional que le ofrecemos a nuestros jóvenes. Hoy nuestros jóvenes no se gradúan con las competencias mínimas que el mundo laboral exige. Con la pandemia, esta situación indudablemente ha empeorado. Necesitamos un proceso remedial que apunte hacia generar las competencias que las empresas buscan y buscarán a futuro. Ello con el fin de que más jóvenes cuenten con la formación que necesitan para ingresar al mundo laboral de manera exitosa. De lo contrario, la brecha de talento seguirá creciendo. Pero, además, la productividad tiene que ver con ciertas variables de entorno como la seguridad, la infraestructura vial, acceso a justicia, efectividad de las cortes, gobernabilidad, etcétera. Hoy, nuestros rezagos en estos temas nos restan productividad a todos los guatemaltecos.

Evidentemente tenemos una montaña de retos frente a nosotros para convertirnos en un país de oportunidades laborales para todos. El empleo, aunque a los políticos populistas no les gusta escucharlo, no se genera por decreto. El empleo se genera cuando existen las condiciones habilitantes que propician la inversión: inversión en esas capacidades productivas e inversión en el talento, para así competir con los demás países del mundo en la atracción de capital.

Del lado positivo de la balanza, hoy tenemos ventajas comparativas a nivel macroeconómico y de nuestro bono demográfico. Como contrapeso de esta balanza, tenemos retos importantes, incluyendo un sistema de justicia lento y anticuado, una red vial prácticamente colapsada y una altísima percepción de corrupción (local e internacionalmente). Pero, si establecemos la generación de empleo como la gran meta (2.5 millones de empleos adicionales en los próximos 10 años, definido en el proyecto de Guatemala No Se Detiene), entonces nos podemos enfocar en las acciones más incidentes para lograrlo. Una acción concreta es aprovechar programas de formación en inglés y programación, como “Tu Futuro+” de Platzi, Claro y Funsepa, o las becas de inglés impulsadas por los Ministerios de Economía y de Educación. Podemos aglutinarnos alrededor de esta única meta, en beneficio de nuestro país y nuestras futuras generaciones.