Elecciones en la USAC, la manifestación de la enfermedad

Julio Abdel Aziz Valdez

¿Qué proceso eleccionario en la USAC en sus facultades y escuela no ha sido cuestionado? Todos, absolutamente todos, y es que como en la conformación del proceso de autogobierno universitario que incluía la opción de elección de autoridades pues vamos a ver como la reproducción de la política se da en micro espacios con micro poderes y macro egos.

Ha habido golpes, amenazas y hasta muertos a lo largo de la historia, los años que la insurgencia tuvo a bien mantener cooptada a la universidad no fue la excepción, pegetianos contra egepianos todos luchaban por el financiamiento, las cátedras y las oportunidades de hacer revolución con dinero de otros, y sus herederos copiaron muy bien las lecciones dejadas, con partidos políticos de todos los sabores y colores que se enquistaron en aquellas aulas.

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Años de crecimiento desmedido bajo argumentos igualitaristas, el discurso empobrecedor de que la educación universitaria era un derecho llevo a que en vez de proveer ciencia se proveyera de discursos, ideología y sobre todo de clientelismo barato. Carreras completas como la licenciatura en pedagogía sirvieron para hacer realidad el sueño de la universidad en toda Guatemala y con ello la bestia se alimentaba, crecía cada vez más, ¿Cuánto tiempo había que pasar para cuando se dieran cuenta que ellos mismos podían poner un Rector? Total, la política universitaria tiene mucho de discursiva y dadivosa cuando se trata de agenciarse de poder.

“Una fiesta de locos” como diría Residente, son los jaloneos en plena vía pública, los sendos manifiestos escritos por uno, reposteados por 50 y que dicen representar a 250 mil seres humanos. Vergüenza ajena el ver encapuchados cuidando a los votantes dentro y encapuchados afuera intentando agredirlos, estos son parte de la política universitaria más vernácula,  una especie endémica en pasillos y oficinas.

Eso es solo la punta del iceberg, la izquierda nostálgica que ha romantizado el homicidio y el secuestro político como lucha revolucionaria, está decidida a no perder su reducto, el ultimo que tiene en su poder o que creían tener. Los discursos han sido desempolvados o mejor dicho han sido reseteados para ser pronunciados otra vez en jóvenes que han sido amamantados con gasolina revolucionaria, hoy todos se aprestan para sacar pronunciamientos e inventar apoyos masivos (no los necesitan más que en papel) porque el gobernante reeligió a la Fiscal General, el candidato está oyendo pasos cerca de la puerta de su casa en aquella linda y fría ciudad de occidente.

¿Dónde está el problema de fondo? ¿Será el fraude tan denunciado? O ¿será en el apetito voraz de los políticos universitarios? Quienes usan o pretenden usar esta casa de estudios como la caja chica de sus ambiciones, quienes no les importa un carajo el aporte científico sino no es como un mero discurso vacío, el problema son quienes siguen creyendo que el Estado es el punto de partida y de llegada para el verdadero poder, aquellos que estudian para lograr tener un mejor trabajo, el apoyar la productividad y desarrollar tecnología es poca cosa para el político que además no pierde, sigue devengando salarios hasta que la muerte lo llame a su presencia.

¿En serio creen que la solución al problema es colocar a su candidato de predilección, al delfín de las causas populares, al Perseo de la revolución 2.1? esto resulta tan predecible que solo podemos mover la cabeza con un gesto de decepción.

¡Destruyamos la universidad! Total, el Estado nos hace otra y más bonita todo por 12 dólares al año. Los rimbombantes discursos de legalidad se enfrentan a las arengas, llamados a la dignidad que en realidad esconden el interés de imponer a un candidato que ha hecho del nombramiento como funcionario público un tesoro de piratas, con él se puede comprar amigos, correligionarios y mantener el discurso setentero otros setenta años más, pero ahora con fanáticos etnicistas, feministas aborteras y delincuentes roba fluidos y hasta nostálgicos sindicalistas (pocos por cierto) todos deseando el poder del Estado.