Nicholas Virzi
No hay crecimiento ni desarrollo sin la iniciativa privada. Esto hasta China lo ha reconocido. China abandonó sus planes económicos comunistas en 1979, y creció su economía al ritmo promedio anual de 10% entre 1980 y 2010. Este desempeño supera el de Japón y los famosos Tigres Asiáticos, como Taiwán y Corea del Sur, que lograron crecer sus economías de manera espectacular. Tanto Taiwán y Corea del Sur tenían un PIB per cápita menor al de Guatemala hace 60 años.
Son lecciones no aprendidas por la izquierda guatemalteca, que basa su posicionamiento político en la oposición al sector privado. Esta oposición irascible ha desplazado incluso su punto central de antaño, la oposición al imperialismo yanqui. Cuando vio en CICIG la oportunidad de atacar al sector privado, y que la CICIG gozaba del apoyo del gobierno de EEUU, la izquierda guatemalteca se olvidó de su tradicional oposición a la injerencia extranjera.
En todo hay oportunidad. Es buena noticia que la izquierda acepta EEUU como socio del desarrollo de Guatemala. Vale recalcar la importancia que este socio, en particular, le da al sector privado como agente clave en el desarrollo.
USAID reconoce que la participación del sector privado es clave para el desarrollo. En su página web, USAID publica su “Política de participación del sector privado” (PSE por Private Sector Engagement), explicando el punto de vista oficial de la cooperación americana sobre su estrategia de desarrollo.
“La empresa privada es la fuerza más poderosa para salvar vidas, fortalecer comunidades y acelerar el desarrollo sostenible.” (USAID)
USAID continúa:
“El sector privado es una parte inextricable en la conducción y el mantenimiento de resultados para que los países superen la necesidad de asistencia.”
Si la izquierda está con EEUU, debería de mostrar congruencia con los lineamientos de sus políticas en los temas que dizque mueven la izquierda, la pobreza, la salud, la educación. EEUU deja claro que debe trabajar con el sector privado para lograr avances en estos temas. El sector privado guatemalteco concuerda con la línea básica de USAID. ¿La izquierda guatemalteca? Parece que no tanto.
Los voceros de la izquierda en Guatemala manejan un discurso en contra del sector privado un poco ilógico. Por un lado, quieren culpar al sector privado de todos los males del país. Por otro lado, se burlan de que el sector privado no solo no manda en el país, sino que los grandes empresarios se han vuelto mandaderos de la clase política. Alzan la voz oportunamente en contra de la corrupción del poder estatal, pero le hacen ojo pache a la corrupción de movimientos radicales que viven del robo de energía, la extorsión y la intimidación de vecinos. Este argumento ilógico solo revela un antagonismo y resentimiento arraigado que poco contribuye.
Si el sector privado no manda en el país, no puede ser culpable de todos los males de la corrupción en la cosa pública. Estas acusaciones maliciosas ignoran lo que se sabe de la naturaleza del funcionamiento público. La autonomía y agencia de los funcionarios públicos solo ha crecido con el aumento del gasto público en Guatemala, cosa que siempre ha pedido la izquierda, sin mayores condiciones. Luego, resulta que, para sorpresa de nadie, el informe de la CICIG en 2015 señaló al Estado clientelar como la principal fuente de financiamiento electoral en Guatemala.
La izquierda guatemalteca solo se sumó a lo que llaman la “lucha contra la corrupción” en 2015, cuando vieron la oportunidad de bajar a un gobierno corrupto de derecha, el de Otto Pérez Molina. Antes de eso, uno tendría mucha dificultad en encontrar reclamos de la izquierda en contra del Estado clientelar. El tema de la corrupción lo veían como una cortina de humo de los empresarios para justificar su válida oposición al crecimiento del Estado sin controles de calidad en el gasto público. Lo decían abiertamente en foros de discusión entre académicos y expertos.
Controles de calidad en el gasto público siempre han sido parte integral de las peticiones del sector privado en cualquier iniciativa de pacto fiscal que se ha presentado en el país, desde inicios del presente siglo. Esta posición ha sido coherente a lo largo del tiempo. Si la izquierda hubiera logrado aumentar el gasto público y los ingresos fiscales a los niveles que querían, en contra de la posición del sector privado, la corrupción pública sistémica seguramente sería todavía mayor hoy de lo que es.
La polarización política no contribuye al desarrollo. Países que logran desarrollar son aquellos que logran dejar sus pleitos del pasado, en el pasado. En Guatemala estamos haciendo todo lo contrario. Existen organizaciones internacionales y fondeo para mantener relevantes historias sesgadas basadas en mentiras o medias verdades, todo para mantener las heridas abiertas.
Sin embargo, si hay puntos de consenso en Guatemala: la corrupción, la infraestructura, la educación y la salud, todo para ir acabando con la pobreza en el país. Este punto de consenso es compartido por el sector privado, la sociedad civil, la comunidad internacional, las organizaciones internacionales y los gobiernos de Guatemala.
Cómo lograr esos puntos de consenso es un debate que empieza a fractura el consenso, pero no fatalmente. Lo necesario es que todas las partes reconozcan la legitimidad de cada una de las partes de participar, negociar y contribuir a los grandes acuerdos que el país necesita. En este proceso debe participar el sector privado representativo, y no organizaciones inventadas para las fotos con funcionarios extranjeros.
Guatemala puede lograr un consenso amplio como base de un gran pacto nacional por el desarrollo. Lo que hace falta es la buena fe y la voluntad política.
































