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martes, noviembre 30, 2021

El Estor y la propaganda de izquierda de siempre

Julio Abdel Aziz Valdez

Ha tenido gran cobertura en las redes y en los medios la declaración de Estado de Sitio en el municipio de El Estor en Izabal por parte del Congreso de la República a petición del Gobierno de la república. No han faltado los reportes gráficos de la “represión” por un lado, las sendas declaratorias de solidaridad de organizaciones populares reales y ficticias. Y, sobre todo los profundos análisis de activistas y académicos en torno al tema ecológico y el impacto de la actividad minera. Estos últimos casi en su inmensa mayoría, parte del musculoso brazo del lobby oenegero.

De repente con la llegada de los policías a un inicio y con los soldados después se invisibilizaron los más de 3 semanas que un grupo de comuneros, entre otros pescadores del Lago de Izabal, que tenían cerrada una de las principales vías de abastecimiento y comercio de El Estor con otros municipios de Guatemala, situación que provocó molestia y perdidas a los vecinos, o también el hecho ampliamente conocido de la existencia de grupos armados ligados a actividades ilícitas en el área y que tienen base en organizaciones campesinas, lo que explicaría por qué tuvo que hacer presencia el Ejercito en El Estor ante el recibimiento a tiros que tuvieron los policías, pero eso al parecer es también secundario.

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¿Por qué la izquierda quema cartuchos de propaganda en este hecho? Pues bien, hay tres grandes razones que caen como anillo al dedo, a ver: 1. Los implicados son indígenas, lo cual sería suficiente sino por la segunda razón, el indígena planteado como un ser de luz que vive en armonía con su entorno y lo protege todo un cliché hecho realidad como en la película de Avatar 2. La contraparte es una minera, el enemigo satanizado de los últimos años, belcebú en forma de una empresa transnacional, 3. Existen reclamos sobre los impactos ecológicos en el área, y por supuesto la actividad minera destruyendo el entorno prístino y natural de los Navi del lugar o mejor dicho de los qeqchis y 4. Porque el tema de conflictividad siempre es un tema de desgaste del gobernante de turno por lo tanto siempre hay que apostarle a ella aun cuando sea inventada.

Y bueno, frente a ello la realidad que no la propaganda no puede mostrar porque el objetivo de esta no es forma sino movilizar a partir del uso del sentimentalismo barato, así:

1. Si son indígenas los manifestantes, como indígenas son los que apoyan la minera e indígenas son los que ven a diario como sus ganancias disminuyen por el bloqueo. Las amas de casa que ven como aumentan los precios de los productos y los que ocasionalmente perdieron su trabajo. Claro estos indígenas no existen porque en esta lógica la izquierda los cambia momentáneamente de identidad cultural en tanto no hacen causa común con el indígena ficticio el idealizado, el que está en la barricada.

2. ¿Que si la Mina en El Estor contamina? ¿Claro que contamina, qué actividad extractiva no lo hace? ¿Y? pues para eso existen regulaciones, mitigación y responsabilidad social, no para evitar los altos impactos de la contaminación, pero ojo, toda absolutamente toda actividad humana que cambia el entorno contamina y afecta a la naturaleza, ¿acaso no lo hacen las quemas de los campesinos tan comunes de esa área? ¿La construcción de casas y la misma carretera? Pero para todas estas actividades la regla no funciona de la misma manera, ya que la contraparte no es una Empresa “depredadora” epitome del capitalismo hambreador que la izquierda busca y goza cuando la encuentra o mejor dicho cuando la construye discursivamente, la izquierda urbana creerá que aquellos manifestantes viven de la cacería y de la agricultura de sobrevivencia, es más, es mejor pensar en ello y no en un indígena siendo obrero en la empresa minera, comerciante, albañil, herrero y otras muchas actividades económicas urbanas no, y no porque de lo contrario la imagen ideal se desmorona.

La manipulación y el simplismo en su máxima expresión en toda la cobertura mediática de estos hechos. La búsqueda incansable de nuevos y renovados argumentos se convierte en el uso de los mismos de siempre. El victímismo vuelve a ser utilizado como argumento político, otra vez, el indígena en el bloqueo no esta detrás de una barricada, el indígena solo resiste pacíficamente, y el malo solo puede ser el empresario y el Estado, cuanta simplicidad hay en quienes siguen viendo la realidad como una película de los ochenta.

 

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