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lunes, septiembre 27, 2021

El Bicentenario en los tiempos de la cólera correctivo-etnicista

Julio Abdel Aziz Valdez

Las festividades de independencia por lo que son hoy en día y no por la lectura de lo que pudo ser un evento perdido en el tiempo, entiendo la molestia de la intelectualidad en cuanto a reafirmar que la llamada Independencia no fue un evento que bajo su óptica “tendría que haber sido” un movimiento de masas levantada en armas contra la dominación extranjera y luego de haber derramado sangre en calles y montes hubiera puesto a sus héroes, un Martín Toc decimonónico o sea un Atanasio Tzul, pero no fue así, fue un pacto de elites eso es innegable, una iglesia que ya era parte de la conciencia local, funcionarios españoles que quemaron sus naves como lo había hecho Cortes 300 años antes y deciden hacer de esta naciente nación suya, criollos empresarios que veían un futuro de grandeza, sin faltar los conservadores que siempre estuvieron al acecho, que pretendían conservar lo mejor del orden colonial, en fin, mucho por hablar y discutir.

La lectura simple y binaria en esa deformación mental del historiador marxista insiste en afirmar que, como en todo lo acontecido en Guatemala se puede leer como la historia de buenos contra malos y claro esta narrativa del bicentenario no es la excepción, los buenos son “marginados” los buenos indígenas o los obligados como diría David Stoll, los excluidos de la independencia que no fue, pero es que además no lo fue en todo el continente por lo tanto hacer comparaciones me parece un ejercicio de colosal ignorancia, a ver nuevamente la manipulación surge cuando ven al indígena marginal, el ideal para su discurso, inmutable en el tiempo, lo ven pobre hoy y asumen que ello se debe a la existencia misma de los llamados ricos criollos, su accionar de explotación los mantuvo detenidos en el tiempo, por lo tanto el ver todavía indígenas pobres es la prueba de que la independencia no funcionó y por lo tanto es necesaria otra una donde esos indígenas, nuevamente, detenidos en el tiempo puedan dejar de ser pobres, nada más simplista y tendencioso.

La independencia de Centroamérica no fue producto del llamado a las armas para deshacerse del poder colonial de ahí que esos indígenas no fueron llamados ni engañados, pero si lo vemos en perspectiva tampoco los ladinos pobres, es mas todo siguió sin mayores cambios, lo que viene en adelante si conmocionó a toda la región, la lucha encarnizada entre liberales y conservadores, entre centroamericanistas, y los que defendían sus intereses locales, es más hasta filibusteros y piratas aparecieron, en fin un proceso político donde si participaron esos “marginados del acta de independencia” es mas en sus manos estuvo la construcción de las naciones del istmo.

Ahora bien, la manipulación intelectual que supone que los pobres de hoy son producto de aquel pacto firmado en 1821 es por demás malintencionado porque sugiere las condiciones sociales que propicio la nueva nación son las que mantuvieron la pobreza actual, el anclarse en el tiempo, doscientos años para ser más exacto, estas iluminadas mentes son las mismas que plantean año con año que la pobreza inicia con la venida de los españoles, todo esto para justificar el alzamiento de los pobres contra todo el que tenga más que ellos.

El nuevo fundamentalismo asume que esos pobres indígenas, detenidos en el tiempo, hoy todo lo merecen por un adeudo histórico y nuevamente se disponen o a cobrar resarcimiento o bien a esperar el trato preferencial en la ley, que se les pague por llevar una vestimenta colonial y toda la invención performativa de su renovada identidad post independentista.

El Bicentenario no es por lo que fue sino por lo que es, algo que al parecer se niega a aceptar la intelectualidad que están más comprometidos a servir de caja de resonancia a la esa versión etnicista de la historia, intentan mover el centro de la discusión de la construcción de la democracia, ciudadanía plena y el desarrollo para construir una narrativa enfermiza basada en el eterno reclamo victimista, el reconocimiento público de lo ancestral como identidad política y la exigencia de beneficios devenidos de las deudas inventadas para esas sectas que se encumbran con su superioridad moral basada en el relato lastimero.

Este 15 de septiembre del 2021 no difiere en nada a los anteriores excepto por el hecho de que cumple 200 años el hito fundacional de la nación y ya sé qué dirá la academia, “pero es que esa no es la verdadera fecha”, “no hubo cambios sustanciales”, “200 años de la patria del criollo” etc.

Pero olvidan que la fecha tiene significados que van más allá de la visión histórica, es identidad comunitaria, orgullo, fiesta, sentirse parte de un colectividad mayor, alegría en fin muchas emociones y aun cuando les pese esas emociones surgen en el mismo pueblo al que dicen referirse como víctima.

En fin al parecer nuevamente una conmemoración más que se intenta resignificar para justificar el discurso fanático de quienes no pueden más que seguir con la cantaleta victimista, que le es funcional a la izquierda vendedora de humo y que ahora eufemísticamente se proclama plurinacional y ancestral y se disponen como  la nueva vanguardia de la revolución e intentan no regresar al 15 de septiembre de 1821 sino al 13 de noviembre de 1960 para volver a embarcarse en una aventura militar que ahora si haga efectiva su idea de independencia.

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