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lunes, mayo 17, 2021

El 1 de Mayo y el fin de la celebración sindical en tiempos de COVID

Por Julio Abdel Aziz Valdez

Siempre tuve clara la razón de la celebración del Día del Trabajo, reivindicación de los trabajadores frente a los dueños del capital y la reafirmación del poder de la organización sindical. Sin embargo, los tiempos de la reafirmación de las consignas fue cambiando cuando la realidad se complejizaba frente a mis ojos. Sostener una realidad discursiva, buena para tiempos de guerra, no corresponde a la actualidad y esta pandemia lo desnudó.

Sin empresarios,  inversores y personas que asuman el riesgo de invertir, no hay trabajadores. Así de sencillo. Y, claro, sin trabajadores y consumidores la riqueza no se produce y reproduce, la simbiosis que mantiene en funcionamiento del ecosistema de la economía.

Durante décadas, la izquierda inoculó el veneno de la ignorancia a millones de trabajadores que llegaron a creer que sin la mano de obra el capitalista moriría por inanición, hoy millones salen a la calle implorando que hayan más gente que invierta que se arriesgue y que genere oportunidades de trabajo.

No sé cómo los intelectuales que hace tan solo unos meses anunciaban el fin del capitalismo de cara a la crisis de la pandemia, hoy se tragan sus palabras al ver que la luz al final del túnel proviene de la industria farmacéutica, incluyendo las empresas estatales rusa y china, como finalmente las disposiciones de aislamiento y de higiene proviene del músculo de la industria alimentaria, las telecomunicaciones, la química y demás.

Cientos de trabajadores que salieron a la calle a exigir el fin de las restricciones al consumo salen junto con los dueños de las empresas en donde trabajan. El capital y el trabajador frente al Estado, el omnipresente, el que asume su ineptitud frente a la emergencia castigando a la productividad. Nunca antes como ahora los sindicatos se convirtieron en el símbolo de la degradación de las reivindicaciones de los trabajadores, que van más allá de la repetida en forma de propaganda ideológica de la jornada de ocho horas o el seguro social, no ahora lo que se exige es el acceso al trabajo nada más, el pago del salario que se ha ganado.

No creo que haya una sola representación de organizaciones sindicales del Estado con la suficiente vergüenza como para salir a decir que representan a la clase trabajadora. La retórica marxista de siempre, que como el loro repite sin entender los propios sonidos que salen de su pico. Los trabajadores y los empresarios representan la promesa de desarrollo, y ahora esto ha quedado completamente claro.

No existe el antagonismo más que en la retorcida mente de quienes incluso hoy no saben lo que es dedicar ocho horas al día a producir bienes o servir al cliente, y claro encumbrados en torres de marfil que el intelectualismo proporciona se puede gritar: “necesitamos quedarnos en casa” “muerte a la iniciativa privada” en fin, las consignas de siempre con el mismo resentimiento y veneno que hoy ha dejado de tener sentido en la realidad, mas no así en el eterno desequilibrio mental de quienes recitan el Capital de Marx como catequesis, los que han secuestrado la academia en las universidades y se convierten en los predicadores fervorosos de la miseria.

Este 1 de mayo será como la celebración de la Navidad sin regalos, sin luces ni arbolito, pero con la firme convicción de que Santa vendrá. Repetir de nuevo que “solo el pueblo salva al pueblo” es regresar 200 años en la historia, y si los sindicalistas que parasitan de los salarios de los servidores públicos no se pronuncian por los trabajadores de miles de comercios, restaurantes, obreros para acabar con las restricciones simple y sencillamente confirman que no existe ni existió nunca la clase trabajadora, lo que existe son discursos maniqueos que sirven para mantener a dirigentes que les importa poco si hoy alguien no podrá dar de comer a su familia.

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