Del dossier de la muerte al dossier del resarcimiento

Julio Abdel Aziz Valdez

Corre y va de nuevo, militares en el banquillo de los acusados, secuestros y asesinatos políticos cometidos durante el conflicto armado interno, y la prueba máxima de que cometieron dichos crímenes es un documento apócrifo que contiene decenas de fotos y descripciones de personas que en efecto desaparecieron y otras murieron durante ese lapso de tiempo, pero ¿es en efecto una prueba válida?

Aclaración: primero, mi respeto hacia los muertos, ellos vieron el final de la guerra y segundo si, acepto que hubo asesinatos extrajudiciales y secuestros durante dicho conflicto, aclarado esto vamos.

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Me parece increíble que la prueba de dichas acusaciones, a no ser que este cambiando la definición misma de la fuente del derecho penal, sea un documento apócrifo, sin sellos, sin firmas, sin que se sepa en que parte de la papelería oficial provenía, es más, el hecho mismo de su aparición hace más de dos décadas fue anómala y, cuando pudo despertar todo tipo de suspicacias inmediatamente las organizaciones de derechos humanos nacionales y extranjeras le dieron validez en tanto que los nombres que ahí aparecían pertenecían en efecto a secuestrados y asesinados, para ellos mostraba la sistematicidad con que el Estado actuaba, algo que no habían podido demostrar antes, ahora lo podían hacer.

¿Qué tan difícil podía haber sido inventar tal documento si el objetivo era demostrar la animosidad y perfidia con que actuó el Estado? Las organizaciones guerrilleras sabían quienes de sus cuadros habían sido secuestrados, es más, habían contribuido a elevar a nivel de mito muchos de ellos ejemplo Oliverio Castañeda y Luis de Lion, y a sabiendas que no necesitaban documentos oficiales para demostrar nada, la posibilidad de construir pruebas era una vía, y en efecto 23 años después aquel trabajo rindió frutos, en aquellos años se emitió un juicio de opinión publica y ahora el juez lo judicializa.

El precedente nefasto de aceptar este documento como prueba corroe los principios mismos de un sistema acusatorio basado en pruebas objetivas, solo son suficientes los testimonios, los mismos con los que se elaboraron millonarios informes, se allana el camino nuevamente para reclamos de resarcimientos financieros y para imponer narrativas tendenciosas sobre la historia, se harán placas, se incluirán tales hechos en los libros de historia y sobre todo, los vivos podrán sacar provecho de la memoria como otros tantos políticos lo han hecho y ahora son dilectos diputados de la superioridad moral.

Blanqueamiento de la historia

Ya no hay guerrilleros en la nueva narrativa de la historia, ya no hay asesinatos, extorsiones, atentados dinamiteros, reclutamiento de menores, utilización de población civil como escudos humanos, secuestros, solo hay victimas inocentes, eso son quienes se muestran en fotos ocupando sillas vacías en el juzgado, y claro el juez, ya predispuesto a esa narrativa que por cierto es mucho más atractiva a sucumbido a ella, y parto del hecho de que se vio arrastrado a ella y no que su sesgo se activó lo que lo imposibilitaría de ser un juez objetivo.

Hay decenas de ex comandantes de la guerrilla que siguen en la impunidad habiendo cometido los mismos crímenes, pero los juzgados y el ministerio público callan a propósito lo que confirmaría la tendencia señalada por activistas, la captura del sistema de justicia. Se cierra un ojo frente a los crímenes cometidos durante el conflicto y se obvia que parte de las motivaciones para firmar los acuerdos de paz era el seguir adelante, pero la obsesión por el pasado ya no solo es un tema de sobrevivencia del dinero que sigue circulando, sino que además es la razón de respirar de Ong´s e intelectuales que no pueden superar sus trastornos, la acumulación de ponzoña sigue creciendo.