De voces críticas y autorizadas a voces en venta, un tipo de periodismo en Guatemala

La reacción del activismo era de esperar, es más, las declaraciones ya parecen de manual cuando recientemente se capturó José Rubén Zamora, director y dueño de El Periódico acusado de varios delitos, ninguno relacionado a su labor periodística.

Julio Abdel Aziz Valdez

“Ataque a la prensa”, “ataque a la libre expresión”, “quieren acallar a las voces críticas”, “el pacto de corruptos está detrás junto con la extrema derecha”, de estas afirmaciones otras decenas de variaciones incluyendo señalamientos dirigidos al presidente de turno y hasta sus prácticas sexuales.

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Para los historiadores que algún día analicen este periodo de la historia del país será interesante saber cómo un empresario aburguesado, quien ha desarrollado una empresa lucrativa no con la información sino con la extorsión mediática a políticos, funcionarios de turno y empresarios, y ojo, no digo que mucho de aquellas investigaciones no hayan sido del todo erradas en Guatemala la corrupción esta a la orden del día, pero el referido empresario elegia sus objetivos y emprendía campañas con verdades a medias, inventadas, descontextualizadas, a veces reales contra personas muy bien elegidas y otras eran elogiadas y magnificadas a propósito también.

El poder acumulado por el empresario era tal que escudándose en la entronización de la post verdad se volvió completamente intocable, claro, en la Centroamérica del Post Conflicto la intervención internacional hizo de la prensa un aliado, uno que genera y alimenta narrativas y las vuelve oficiales, que ante la inoperatividad de los partidos políticos estos periódicos “críticos” se convierten en los auditores intocables de la acción pública.

La prensa libre, y no me refiero a la otra empresa mediática, es imprescindible en toda democracia y en Guatemala ha tenido una larga trayectoria de empresas, empresarios de la información junto con profesionales, pero no se puede obviar que al menos desde la distensión producida unos años antes de la firma de la paz en 1996, los periodistas han gozado de un estatus privilegiado y más aun durante los años de la CICIG. Era imprescindible contar con la voz autorizada reproducida a través de medios que se convirtieron en empresas de marketing político, intelectuales, activistas y militantes tienen un espacio asegurado en las paginas de aquellos quienes ahora se asumen como paladines de la verdad, perseguidos cuando la ley les toca.

Los medios construyen realidades, algo que Orson Wells dibuja perfectamente en su obra cinematográfica Citizen Kane en 1941, José Rubén lo sabía y construyo una realidad a su conveniencia, el poder sin cuestionamiento, sin nombramiento público, el poder de quitar y poner, el de decidir e influir y hasta de mandar al cadalso al enemigo, existe una evocación Robesperiana cuando vemos a quien ejerció ese poder sentado en una carceleta.

¿Que si esto era un ataque a la labor de los periodistas en Guatemala? Todo indica que no, pero solo el disponer la duda en forma de afirmación para medios como Plaza Pública, La Hora, Emisoras Unidas, Prensa Comunitaria y otros es ya un negocio que no pueden dejar pasar porque ahora las notas de prensa se escriben en organismos multilaterales, agencias de cooperación a través de funcionarios internacionales a los cuales desean impresionar y al votante que es necesario manipular.

El mismo día que se produjo esta detención se produjeron decenas en todo el país, hombres y mujeres acusados de robo, maltrato, agresiones, escándalos y otros tantos delitos, y todos, aunque el Procurador de Derechos Humanos lo ignore a propósito, merecen garantías procesales y luego de esto que se les absuelva o bien condene, aquí no esta en discusión la labor periodística aun cuando esta haya sido usada con fines políticos y luego sus instigadores pretendan la impunidad para no ser sujeto de responsabilidad, el punto es que nuestra democracia y sistema de justicia pueda accionar  a pesar de que aquellas voces autorizadas ahora asuman que están por encima de la ley misma.