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martes, noviembre 30, 2021

Bukele, las medias verdades y mentiras frente al cambio político en CA

Julio Abdel Aziz Valdez

A ver, hay que partir de la verdad frente al huracán de cambios políticos que hoy se presentan en El Salvador con el gobierno de Nayib Bukele y que están afectando a región centroamericana. El hecho de que hay hartazgo en los políticos es innegable y en el caso de esta hermana nación esto está representado en dos partidos políticos de ideologías contrapuestas.

Lo que en principio significa que la ciudadanía rechaza aquellas discusiones añejas que alimentaron un conflicto armado espantoso, de no ser así la elección de este joven político no se hubiera producido, así de sencillo.

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Cuesta identificar la argumentación ideológica, más allá del recurrido señalamiento de corrupción, que el presidente Nayib Bukele posee: jóvenes vrs viejos, innovación vrs conservadurismo, estatismo vrs libre mercado, en fin, muchas posturas que no ubicarían a este dignatario en un espectro político definido como decía anteriormente peleado frente a la política tradicional o al menos a la que se impuso una vez terminado el conflicto armado en 1992.

Frente a esta lucha encarnizada frente al tradicionalismo han pasado de un momento de una armónica relación bilateral con Estados Unidos a otra llena de complejidades y porque no decirlo, de reclamos y señalamientos, bien fundamentados, por cierto.

Entendamos algo a este nivel, la potencia del norte ha sido ambivalente durante los últimos 100 años de relación no solo con el continente sino con la región en particular. Lo fue al entregar un millón de dólares diarios para luchar contra el FMLN al menos durante los últimos 5 años antes de la firma de la paz, lo fue al minar los puertos nicaragüenses para acabar al FSLN y al usar pistas áreas hondureñas para traficar drogas hacia su propio país. Hoy, es complaciente con aquellas dirigencias que luego de firmar acuerdos de paz de pantomima, se dedicaron ya en la legalidad a sustituir a los corruptos viejos por nuevos.

En Guatemala, una guerrilla reducida a una banda de delincuentes con discurso, logró en 23 años, luego de firmar la paz, y demostró que tan impopular era su discurso y que tan marginados estaban políticamente hablando, pero sus agendas, en especial la de encauzar judicialmente a quienes los enfrentaron y ellos alcanzaron la impunidad completa y absoluta.

Hoy, Bukele emerge como la opción del hombre fuerte con imagen fresca, un civil con el respaldo del ejército, recurre a los mismos mecanismos para perpetuarse en el poder y desde asumir la misma retórica que se resume en la afirmación “el pueblo lo solicita”.

Y si bien es cierto que frente a la oposición sigue siendo una alternativa es más de lo mismo, la incapacidad de salir del caciquismo y construir verdaderas alternativas de partido que enfrenten el binarismo.

Mientras tanto en Guatemala, poco a poco nos vamos acercando a una situación de enfrentamiento ideológico abierto, lo bueno de ello es que los liderazgos mesiánicos y etnicistas, más allá de las fórmulas que barajea la izquierda no hay en el horizonte, esto nos permitiría desarrollar al fin una plataforma de discusión amplia, aun cuando la opción que Estados Unidos sea hoy en día aquellas fuerzas que alguna vez pago por aniquilarlas hoy les proporciona dinero, logística y hasta plataforma mediática algo que seguramente extrañaran los que con las armas en la mano antes gritaban: “muera el imperialismo yanqui”.

El peligro del recurso totalitario no es más fuerte que el de la cooptación y en el caso de Guatemala pasa de corruptos a corruptos, con estandartes y colores distintos para justificarlo, pero corruptos al fin, y la elección de nuestros políticos ahora ya no cabe en cuanto a quien podemos dar nuestra confianza sino a quien Estados Unidos ha elegido para ser su corrupto de confianza, “el buen funcionario a su total servicio” esto no tiene que ver el hecho inocuo y tendenciosamente manipulado de que “los campeones de la justicia” lo hacen por la sola idea de hacer lo “correcto”, nada más alejado de la realidad.

Lo que hay que retomar de Bukele, fuera de su desvío, es que es hora de formular una política nacional con intereses nacionales, aun cuando parezca una lucha completamente dispar, sin injerencia de un poder que resulta tan contradictorio que no es capaz ni de sostener una relación de respeto con sus aliados.

 

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